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"Soy cordobesa y solo he entrado a la Mezquita con el colegio": dos amigas exponen sin filtros las verdades sobre la identidad cordobesa

El vídeo recoge el orgullo y pasión de las cordobesas sin presumir precisamente de monumentos ni de historia

Soy cordobesa y solo he entrado a la Mezquita con el colegio dos amigas exponen las verdades sobre la identidad cordobesa

Soy cordobesa y solo he entrado a la Mezquita con el colegio dos amigas exponen las verdades sobre la identidad cordobesa

En muchas ocasiones definimos la identidad de un pueblo por su gastronomía, por su forma de hablar o por los monumentos que lo representan. Y aunque todo eso cuenta, hay algo más profundo, más cotidiano y menos turístico que también forma parte del ADN de un lugar. Son esos gestos, esas frases o costumbres que uno asume sin darse cuenta, hasta que un día las menciona y alguien de fuera le dice: “eso solo lo decís vosotros”.

Algo así es lo que ha ocurrido con el vídeo que dos jóvenes cordobesas han publicado en TikTok y que en pocos días ha desatado una oleada de respuestas llenas de humor y orgullo local. La creadora @paulatrivi_ subía un clip con el texto “Y quien diga que no, miente” acompañado de la etiqueta #somoscordobesas, y desde entonces el algoritmo no ha dejado de mostrarlo.

Un espejo de lo cotidiano

El vídeo recoge el orgullo y pasión de las cordobesas sin presumir precisamente de monumentos ni de historia. En su luga, pone sobre la mesa esas pequeñas verdades que solo entiende quien ha crecido o vivido en la ciudad.

La frase ha hecho sonreír a cientos de usuarios que se han sentido retratados porque sí, la Mezquita-Catedral puede ser Patrimonio de la Humanidad, pero para muchos cordobeses forma parte del paisaje, algo tan familiar que apenas se visita fuera de las excursiones escolares y que sucede en cualquier ciudad del mundo entre los vecinos de la misma y sus monumentos.

Orgullo sin pretensiones

Entre los comentarios se repiten las declaraciones que van componiendo una especie de retrato coral: “Soy cordobesa y me he puesto chorreando”, “soy cordobesa y no digo hostia, digo cipote”, “soy cordobesa y claro que he comido tortilla de patata en El Santo”. Cada frase funciona como una pequeña confesión que, lejos de la vergüenza, reafirma un sentimiento de pertenencia compartido.

Incluso los tópicos más discutidos, como el de que las cordobesas son “siesas”, se mencionan con ironía y complicidad. “O bueno, sí, un poco”, reconocen entre risas.

Córdoba, sin filtros

En los comentarios también aparecen guiños al lenguaje (el famoso no ni ná, que algunos usuarios discuten si es más de Cádiz que de Córdoba) y a la gastronomía local, con menciones al perol, los caracoles y las tardes de terracita.

El resultado es un pequeño fenómeno digital que recuerda que las ciudades no solo se reconocen por sus monumentos, sino por cómo se reconocen a sí mismas.

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