Ayer, en el salón de plenos de la Diputación todas las miradas estaban orientadas hacia los asientos de los dos diputados de Unión Cordobesa, Rafael Gómez y Carlos Baquerín, y nadie salió defraudado (salvo por la sensación de vergüenza ajena que pudo sentir cualquiera de los presentes). Ya antes de empezar Baquerín quiso que se clarificara su situación reivindicando su condición de portavoz del grupo. En vista de que ni el secretario ni la presidenta lo reconocieron como tal, ya que un informe jurídico emitido hace unos días instaba al grupo a ponerse de acuerdo o de lo contrario se quedaría sin portavocía, Baquerín optó por ausentarse de su escaño y pasar al público. Solo volvió para el turno de ruegos y preguntas. Y ahí comenzó todo.

El diputado regresó para pedir que constara en acta el dictamen del informe y que su postura al respecto es que mientras que sí existe un documento de junio del 2011 por el que se le nombra portavoz, no existe ninguno que lo destituya, por lo que mostró su desacuerdo con el informe del secretario. Asimismo, pidió que constara en acta la intervención de la presidenta en la que no le reconoce como portavoz y le da la palabra como un diputado más. Además, pidió a la responsable de Recursos Humanos de la Diputación que cerrara el expediente abierto a personal de su grupo porque, a su juicio, no es competente para ello.

Pero la mecha se encendió cuando preguntó a la presidenta y a los dos vicepresidentes de la Diputación Provincial si habían puesto en conocimiento de la justicia el hecho de que se haya enviado una cinta con imágenes sobre él (presuntamente donde aparece pintando un cartel de Gómez). Al responder la presidenta que no tenía conocimiento de esa cinta, recordó Baquerín que Gómez había dicho que le habían pasado un disquette con las imágenes, por lo que el diputado acusó a la presidenta de mentir sobre ese asunto.

Y llegó el turno de palabra de Rafael Gómez quien, fiel a su estilo, espetó: "Yo lo único que tengo claro es que él mismo dijo que lo ha hecho, 'yo soy el que lo ha pintado', qué problema tiene ahora, ¿por qué quiere pedir la cinta, si dijo 'yo lo he pintado, en plan fanfarrón', de qué se queja?". Su todavía compañero de grupo quiso que constara en acta el calificativo: "Que conste que me ha llamado fanfarrón"; y Gómez, sin inmutarse, respondió: "Sí ¿y qué?". Ante ello, la presidenta tuvo que poner orden y dar la palabra al grupo socialista para que hiciera sus preguntas.