"Cualquier día va a ocurrir una desgracia". La expresión es unánime entre los agricultores que se ven impotentes ante los constantes asaltos a sus olivares. Como algunos están ya dispuestos a hacer frente a los ladrones temen que pueda ocurrir lo peor. "Si alguien ve que le están robando el trabajo de todo el año, es capaz de cualquier cosa para evitarlo", indica Andrés Gutiérrez, mientras observa cómo han quedado sus olivos.

"Ya no es solo la aceituna que se llevan, sino la que tiran al suelo y el destrozo que hacen en árbol, además de obligarnos a adelantar la cosecha", se lamenta, ante el asentimiento de Andrés Valle, que también fue víctima el domingo de un robo en la finca que gestiona, pocas horas después de ausentarse de ella, y reconoce que "la Guardia Civil lo está haciendo muy bien igual que los guardas de los cotos, pero es insuficiente", señalan.

Andrés Santos, un guarda que se conoce al dedillo los campos de la zona, explica que la semana pasada "le atravesé el coche a un grupo que se escapaba", pero sirvió de poco y lograron escabullirse. Además, están bien organizados, indican, porque "saben dónde y cuándo pueden entrar", explica otro de los guardas, José Fuillerat.

Ayer por la mañana eran varios los agricultores que se lamentaban ante este periódico de los constantes ataques, como Francisco Pérez, que asegura que en una semana "me han entrado dos veces, aunque estamos en la finca hasta las nueve y media de la noche".

También dos veces ha sufrido Antonio Carrera en los últimos días el embate de los ladrones, que se han llevado por delante 3.000 kilos de aceituna de unos 30 olivos, "y eso que estuve aquí casi toda la noche, con una hoguera encendida".

Los guardas de los cotos como Andrés o José, son los primeros que acuden y dicen que "cuando nos ven, por ahora, nos están respetando", seguramente porque van con uniforme e incluso llevan arma, "pero que no es para esto" y esperan no tener que utilizarla como autodefensa, porque aseguran que en alguna ocasión se han visto acorralados, como señala Francisco Tamaral, que le ocurrió hace unos días en uno de los muchos caminos que vigila.