El pronóstico de los diferentes médicos que han tratado a Rocío Jurado, se ha cumplido. La artista ha prolongado su vida a base de pasar un calvario entre hospitales, con la esperanza de que la ciencia evitara el fatal desenlace. No ha podido ser y hoy el mundo entero llora la desaparición de una gran señora de la copla y mejor persona.

Cuando leía el periplo de Rocío Jurado de hospital en hospital, siempre me venía a la mente las cerca de tres semanas que estuvo ingresada en el Hospital General de Córdoba como consecuencia de una hemorragia intestinal que sufrió en la localidad jiennense de Andújar al terminar una gala. Rocío ingresó de urgencia. Venía acompañada de su madre y de un joven, llamado Pedro Carrasco, campeón de boxeo del que se comentaba que era su novio. La pareja llevaba en secreto la relación. Hoy eso hubiera sido imposible.

RELACION CORDIAL Por aquel entonces yo era corresponsal gráfico de la Agencia Efe y José Luis de Córdoba era el delegado en nuestra ciudad. El caso es que a primeras horas de la mañana del día siguiente me llama José Luis y me voy al hospital. Pregunto dónde está ingresada la artista y me informan que en la habitación 601. Llamo a la puerta y me abre su madre. Le explico que quiero tomar unas fotos y, tras consultar con Rocío me permiten la entrada y cumplo con mi misión. Mando las fotografías a Madrid y me indican que esté todo el día pendiente de la evolución de la enferma. Me instalo en el hospital.

Ni que decir tiene que la relación con Rocío y su entorno fue muy cordial. Con el paso de los días, desayunaba con ellos y pasaba muchas horas en la habitación comentando con Rocío las noticias que traía el CORDOBA.

Desde Madrid me insistían en que lograra alguna foto de la pareja acaramelada que confirmara que la relación de ambos no era sólo un puro rumor. Pedro Carrasco era reacio a que yo tomara esa fotografía. Así que una mañana le dije a Rocío: "Señora, ¿sería posible hacerle una fotografía dándose un beso con Pedro?". Y me dijo "Chiquillo, si solo es mi amigo". Como le insistí y le dije que todo el mundo daba por hecho la relación sentimental de ambos, movió la cabeza con un mohín y se calló. Pero cuando cerca del mediodía llegó Pedro Carrasco, como yo estaba allí perenne, ella lo tomó por la cintura y dijo: "Pedro, este beso que te doy, va a dar mucho que hablar", y se besaron. Y la foto se publicó. Y en la habitación 601 del Hospital General de Córdoba se confirmó el idilio entre Pedro y Rocío.

Llegado este punto he de aclarar que en 1975 los famosos no estaban asediados por la llamada prensa rosa. No había exclusivas pagadas. En el tiempo que estuvo Rocío Jurado en Córdoba, apenas un enviado especial tomó imágenes de ella. Las revistas se suministraban del material que yo enviaba diariamente y de los textos de José Luis Sánchez Garrido. Información que recababa su hijo José Luis que acudía todas las tardes al Hospital para ver cómo iba todo.

Una tarde que los dos conversábamos con la cantante, abrió la maleta y sacó un vestido con un enorme escote en la espalda. "Mirad, este es el vestido que ha originado las protestas por ponérmelo en el programa de TVE. ¿Creéis que es para tanto?. Diciendo esto llevaba puesta una bata roja y como no estaba abrochada por delante dijo: "Espera, no se me vaya a ver un pecho y tengas problemas con la foto". Por lo visto, en su última actuación en una gala de TVE sacó el vestido de marras y los señores de la censura se pusieron las manos a la cabeza.

Rocío Jurado se marchó del hospital despidiéndose de los enfermos y de todo el personal. Se fue encantada del trato y de la discreción. Descanse en paz una gran señora de la copla y una excelente persona.