Un aspirante le preguntó a un policía de un país poco democrático sobre su oficio: «-El salario, regular; pero lo bueno es que el cliente nunca tiene la razón». Es decir, lo contrario de lo que hacen o simulan hacer las empresas de países con más libertad, que procuran tener contentos a sus empleados para que atiendan bien a sus clientes. Ese ya arcaico y brutal sistema ha sido el escogido por el fundador de Ryanair. Paga lo menos posible a sus agentes, pero les induce a descargar su frustración sobre los pobres clientes pobres o muy jóvenes. Ryanair también explota a las regiones pobres en comunicaciones, exigiendo fuertes primas a las instituciones por instalarse. La solución final de esa tan abusiva empresa depende del país que es su sede, Irlanda y de las autoridades de otros países que la toleran. A escala individual, cuando no se puede utilizar otro modo de transporte menos desagradable -y más ecológico-, hay que afrentar a sus agentes, hablando siempre con ellos ante testigos o grabando en el móvil y denunciando a las autoridades lo ocurrido.