Jugaba el otro día a un juego de mesa con unos amigos, donde unos zombies te perseguían por el tablero, atraídos por el ruido, el ruido que generábamos los jugadores durante nuestras acciones en cada ronda. Ruido... Mucho ruido... Tanto, tanto ruido.

Ruido una vez más contaminando cada intento de ejercer la ansiada democracia por el pueblo, dándonos más ruido para y por el pueblo. Ruido en el Parlamento, ruido en los comerciantes con sus locales devastados, ruido en las televisiones y consecuentemente en nuestros hogares.

- ¿Pero y ese qué es lo que ha hecho? -me pregunta mi madre mientras almorzamos viendo imágenes de contenedores incendiados en las calles.

Y eso digo yo, ese qué ha hecho. He oído algo de injurias a la corona, enaltecimiento del terrorismo en sus composiciones artísticas, pero eso ya lo he oído y visto yo antes. Si me dieran un duro a cada chiste sobre Carrero Blanco que he oído, o cada sketch parodiando los «vicios» del Emérito, iría corriendo al Banco de España a cambiar semejante botín a euros y me abandonaría a la vida contemplativa viviendo de las rentas.

Pero no, me da que esto es diferente, debe de haber un trasfondo en todo esto que no vemos, pero una chica ha perdido un ojo durante las protestas. A mí me da que las noticias se quedan a medias, que los titulares no concretan, pero veo a gente que, si no tuvieran bastante con la pandemia, tienen sus comercios patas arriba por delincuentes. ¿Cuál es el debate?, ¿qué estamos pidiendo?, ¿qué es lo que hay que corregir? No lo sé, pero hay gente con brechas en la cabeza, pues a veces, ni esos sofisticados cascos aguantan las pedradas.

Menuda lacra, ¿no? Menudas mangas de niebla que apartan la verdadera «lucha» de nuestros ojos dejándonos ver solo caos, destrucción y vandalismo. Y menuda lacra aún mayor los que usan esta niebla para sacarse rédito político en vez de centrarse en la justa demanda que plantea la sociedad de nuestro siglo XXI, ¿no? Tenemos un parlamento donde se pelean hasta por la violencia, porque claro, la violencia solo es condenable cuando nace cerca del bando opuesto, pasa mucho con la corrupción también. Donde la mayoría de los ciudadanos siempre coincidiremos denunciando categóricamente cualquier manifestación de violencia, nuestros políticos se detienen a analizarla, para hincharse más o menos el pecho en su denuncia ante los micrófonos. La estudian, improvisan una justificación basada siempre en libertades y derechos, y así dan forma a su tweet.

Y tras todos estos altercados y momentos de tensión, queda un mensaje, una idea, una propuesta, una crítica, pisoteada y ninguneada por los actos vacíos de contenido de unos cuantos, pero altavoceados por muchos... Silencioso ruido...