Elecciones 'midterm' en EEUU
Las primarias republicanas para las legislativas de noviembre revelan grietas en el poder electoral de Trump
La guerra contra Irán, el aumento del coste de vida y el respaldo a leales trumpistas sin apoyo popular amenazan con lastrar a los conservadores en los comicios de noviembre

El presidente de EEUU, Donald Trump, se marcha tras intervenir en el Centro David S. Mack de Formación e Inteligencia el 14 de agosto de 2026 en Garden City, Nueva York. / SAMUEL CORUM / GETTY IMAGES / AFP
Las elecciones legislativas de noviembre serán para Donald Trump una suerte de plebiscito en el ecuador de su segundo mandato. Pero el test ya ha comenzado: las primarias republicanas para escoger a los candidatos de las midterms han dejado entrever grietas inéditas en la coalición conservadora que lo llevó a la Casa Blanca. Aunque en la última década Trump ha logrado moldear el Partido Republicano a su antojo, la guerra contra Irán y el aumento del coste de vida han perjudicado la credibilidad del mandatario.
"En las últimas dos semanas hemos visto cómo su poder de pedir el voto para determinados candidatos empieza a resquebrajarse en diferentes partes del país", explica a EL PERIÓDICO Scott Huffmon, director del Centro de Investigación sobre Opinión Pública y Políticas Públicas de la Universidad de Winthrop, en Carolina del Sur. Este estado, tradicionalmente republicano, le sirve, según explica, para observar tendencias incipientes entre los conservadores antes de que se repliquen en el resto del país. Aun así, advierte de que no se trata de una ruptura: "El control de Trump sobre el partido quizá ya no sea tan absoluto como parecía, pero sigue siendo abrumador", añade Huffmon.
Lealtad antes que méritos
Para Trump, la lealtad suele pesar más que la idoneidad o las probabilidades de éxito de sus elegidos. Véase la elección de personalidades de Fox News para cargos de su gabinete, como Pete Hegseth, secretario de Defensa (renombrado como secretario de Guerra). En las primarias del partido ha primado la misma lógica, aunque no siempre con los resultados esperados.
Florida, que votó este martes, ha sido un ejemplo de los límites del respaldo presidencial. El congresista Cory Mills, rodeado de escándalos sexuales y financieros y bajo investigación del Comité de Ética de la Cámara, pese a haber recibido el apoyo de Trump, acabó perdiendo. De hecho, el presidente excluyó el nombre de Mills de su lista de apoyos justo antes de los comicios, cuando vio que iba a perder.
"Hasta ahora, el apoyo de Trump dependía sobre todo de la lealtad, pero empieza a pesar también la capacidad de ganar, porque no le gusta perder", analiza Huffmon y señala que en su estado, en Carolina del Sur, Trump también dio un volantazo: ante la posibilidad de que su candidata inicial perdiera, Trump terminó respaldando también a su rival, en lo que llamó un "co-apoyo".

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, participa en un acto en apoyo de los candidatos republicanos a las elecciones legislativas del 3 de noviembre de 2926. / SAMUEL CORUM / Getty Images via AFP
Error de cálculo
Esto no significa que haya una rebelión antitrumpista. "La gran mayoría de los candidatos que ganan sin el respaldo de Trump siguen alineados con él y querrían contar con su bendición", explica a este diario Seth C. McKee, profesor de la Universidad Estatal de Oklahoma, otro bastión republicano desde el que ha estudiado el comportamiento del partido durante décadas.
La Casa Blanca defiende que, contando todos sus apoyos, mantiene una tasa de éxito del 98%, con 233 victorias entre 238 candidatos apoyados. Pero esa cifra está inflada por numerosos candidatos que no tenían oposición alguna. El riesgo es cometer un error estratégico. "El Partido Republicano cuenta con salir airoso en los estados donde es fuerte. Pero en las contiendas más reñidas, una mayor alineación con Trump puede ser una desventaja, porque las condiciones políticas a corto plazo favorecen claramente a los demócratas", dice McKee.
El ejemplo es Texas, donde está en juego un escaño crucial para el Senado de EEUU. Pese a tratarse de un feudo republicano, los demócratas presentan a James Talarico, un candidato poco convencional que ha ganado proyección nacional con un discurso de cristianismo progresista. Trump decidió respaldar al fiscal general de Texas, Ken Paxton, que se impuso pese a los escándalos que lo rodean. Su rival, John Cornyn, senador desde 2002 y con un sólido historial de apoyo a las propuestas de Trump, era el preferido del aparato republicano. Pero Trump nunca le perdonó un comentario en 2017, cuando sostuvo que el despido del entonces director del FBI, James Comey, no frenaría la investigación sobre la injerencia rusa en las elecciones de 2016.
McKee lanza una advertencia sobre cómo las legislativas pueden girarse en contra de Trump: "No parece que su prioridad sea maximizar las posibilidades de su partido. El coste de la vida, una guerra opcional en la que se ha metido y que goza de muy poca popularidad y un discurso cada vez más extendido sobre la corrupción política y el amiguismo son la receta perfecta para un desastre en las elecciones de mitad de mandato".
Controlar el partido o el Congreso
Lo cierto es que la guerra con Irán ha abierto discrepancias en la base trumpista, ya que el sector que se define como defensor del "América Primero" considera que dirigir recursos hacia el exterior va en contra de ese objetivo. Desde el inicio de la guerra de Irán, la popularidad de Trump ha caído, situándose en el 36,9% de aprobación, frente al 59,4% de desaprobación.
Uno de los problemas de Trump es que trata de ejercer su poder en dos frentes al mismo tiempo: "Trump quiere controlar el partido para sacar adelante su agenda. Pero controlar el partido no sirve de nada si pierdes el Congreso. Y viceversa: si ganas el Congreso pero quienes están dentro ya no te son leales, también te debilitas", argumenta Huffmon.
La duda de cara a noviembre es, por tanto, hasta qué punto el apoyo de Trump incrementa las posibilidades de los candidatos al Congreso, al Senado y a las gobernaciones de los diferentes estados. Que un votante cambie de partido es el caso más extremo —y la batalla política principal, sobre todo en los llamados "estados bisagra"—, pero, sin ir tan lejos, "la disminución del entusiasmo y, con él, de la participación" ya sería dolorosa para los republicanos, señala Huffmon, y concluye: "La grieta es todavía microscópica, pero está empezando a aparecer".
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