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Alimentación

La ONU culpa a las cadenas de distribución de espolear el hambre en el mundo: hasta el 75% del precio se genera tras salir del campo

El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, señala la logística, la intermediación y el transporte rural como las barreras para reducir la falta de alimentos

La ayuda humanitaria lanzada desde el aire en Gaza no palia la sed, el hambre y las enfermedades

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Roma

El hambre en el mundo no es solo una cuestión de lo que brota de la tierra o las turbulencias que generan los conflictos, sino de los peajes y baches de la carretera. Si algo deja al descubierto la edición 2026 del informe 'El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo' (SOFI) —el documento anual más importante sobre el tema, elaborado conjuntamente por la FAO, el FIDA, UNICEF, el PMA y la OMS— es que la geopolítica de la alimentación tiene un centro de gravedad sobre el que rara vez se pone el foco: el problema —hoy más que nunca— no está tanto en quién sostiene el arado, sino en quién controla el camión.

La ecuación del SOFI es directa: la razón por la que las tasas de hambre siguen estancadas es también que entre el 70% y el 75% del coste final de una dieta saludable se genera después de que el alimento abandona el terreno de cultivo. Es decir, tres de cada cuatro euros, que encarecen un plato nutritivo y lo vuelven inaccesible para millones de personas golpeadas por la pobreza se quedan por el camino. Como advierte el presidente del FIDA, el español Alvaro Lario: "El SOFI nos dice que el coste de una dieta saludable sigue aumentando y que casi 2.700 millones de personas no pueden permitírsela. Las cadenas de valor resilientes deben ser una parte central de la respuesta". 

El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, también lo ha detallado al analizar las dinámicas del informe. Se necesitan "mejores instalaciones de almacenamiento, mejor logística y ver cómo podemos contar con sistemas de refrigeración que nos permitan tener un mejor suministro de productos de alto valor". En un escenario global marcado por la inflación energética y las fricciones geopolíticas que asfixian el comercio exterior, la barrera que alimenta la malnutrición no es la escasez de producción, sino los cuellos de botella en almacenes, carreteras y cadenas de frío. "El informe muestra que el progreso es posible, pero debemos ir más rápido. Acabar con el hambre y hacer que las dietas saludables sean asequibles requiere compromiso político, inversión sostenida y políticas habilitadoras", ha sintetizado el director general de la FAO, el chino QU Dongyu

La más cara, América Latina

América Latina y el Caribe son los ejemplos más extremos, con la dieta saludable más cara del planeta: un promedio de 4.91 dólares al día en 2025 (frente a la media mundial de 4.28 dólares). A nivel subregional, el Caribe incluso muestra un valor más alto: 6.04 dólares al día. Estos elevados costes impidieron que el 25.7% de la población de la región (172 millones de personas) pudiera permitirse una dieta saludable en 2025, señala el informe.

La situación es una paradoja también porque América Latina es una de las mayores potencias agrícolas y exportadoras de alimentos del planeta, subraya la ONU. “Los alimentos de origen animal son, en promedio, el grupo más costoso (especialmente en África), pero este no es el caso en América Latina y el Caribe, donde los vegetales representan el grupo de mayor coste”, afirma, más en detalle, el informe. El problema está directamente relacionado con "el alto coste regional a modelos productivos volcados en la exportación, que descuidan la logística para la distribución y diversidad alimentaria dentro de los propios países", señala Torero.

El documento de Naciones Unidas aborda también cómo los modelos de distribución hiperglobalizados agravan la crisis alimentaria. Según las estimaciones de la FAO, orientar el consumo hacia productos locales y tradicionales permitiría un ahorro global del 34% en el coste de una dieta sana. Más en concreto, en África, donde unas 309 millones de personas sufren hambre y dos tercios de la población no pueden costearse una alimentación equilibrada, Torero recalca que la adopción de cultivos autóctonos supondría "un ahorro de hasta el 80%", eso es, sacar del abismo del hambre a millones de familias.

El campo, en la picota

Por último, el informe tumba la idea de que la vida rural garantiza comida fresca a menor precio. Las métricas del SOFI 2026 revelan que los alimentos perecederos y nutritivos —como frutas, verduras o carne— llegan a costar "más del doble en las zonas rurales aisladas que en los grandes centros urbanos".

Torero también explica que esta brecha responde a fallos estructurales de transporte y distribución que encarecen el producto hasta dejarlo fuera del alcance de las propias familias campesinas, condenando al hambre a quien precisamente cultiva la tierra. Alcanzar las metas de nutrición fijadas para 2030 exige intervenir con urgencia en la infraestructura comercial que conecta el campo con los mercados locales.

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Fuente: El Periódico

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