Dossier CV
"Es el odio lo que introducía la Inquisición y ahora lo hace el universo de Donald Trump"
La actual estigmación social se ha transformado a través de las nuevas tecnologías y se ha normalizado entre buena parte de la población

Representación de un antiguo tribunal de la Inquisición. / LEVANTE-EMV
Manuel Lillo
El odio al diferente y la incentivación del estigma no son cosas del pasado. La polarización política, el anonimato en redes y la oportunidad que brindan estos espacios virtuales para proliferar falsas informaciones han contribuido a recuperar una práctica que se creía superada.
Las comparaciones con otras etapas son difíciles si se tiene en cuenta la intensidad. La violencia de la Inquisición, con prácticas de pena carcelaria o de muerte con ensañamiento y expuesta al público, son a día de hoy inconcebibles. No lo son, sin embargo, los señalamientos públicos contra los adversarios políticos, con prácticas de estigmatización que en ocasiones también se traducen en violencia verbal o incluso física.
Uno de los máximos estudiosos de la Inquisición en España, Juan Antonio Barrio, catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Alicante, compara el fondo de estas actuaciones con las que se llevaban a cabo en el pasado. “Es el odio, salvando las distancias, lo que, en definitiva, se introducía y ahora introduce el universo de Donald Trump”, argumenta.
El académico detalla que “en la Inquisición se introdujo el odio desde que se empezó a actuar a través de la delación”, con denuncias a personas que contribuían a la “creación de un clima que facilitaba la denuncia y llevaba al cainismo social”. Y que lo había propiciado, precisamente, la administración con la instauración de un tribunal religioso con finalidad de persecución. Un paralelismo entre aquella época y la actual sería “el control social horizontal”. Barrio dice que “si el control normalmente es vertical, con una represión ejercida de arriba a abajo”, en la Inquisición, con las delaciones, o en la actualidad, con determinadas prácticas en redes sociales y en pseudomedios de comunicación, “se puede ejercer prácticamente de igual a igual”, como ocurría en el pasado.
Cuando se genera una opinión pública en el debate y pensamos que es mayoritaria tendemos a callarnos, de forma que se rompe con lo que se venía considerando políticamente correcto y todo entra bajo el paraguas de la libertad de expresión
“El cainismo social”, explica Barrio, “era estimular a que la gente denunciara a los conversos”, tal como pedía la Inquisición, que animaba a señalar “cualquier cosa que se haya visto u oído". “Eso es facilitar la sociedad horizontal: que cualquiera te puede denunciar. Y eso es lo que diría que estimula Trump en Estados Unidos”, dice el profesor, que apunta que en España, “afortunadamente, existe una sociedad madura y democrática, pero hechos como los de Torre Pacheco el verano pasado evidencian algunas intenciones”.
Más voces
Alexis Lara, sociólogo y coordinador del Cercador de Científics Socials, cree que estas prácticas son posibles gracias a tres elementos. Uno es el anonimato en las redes sociales. Otro es la impunidad del señalamiento. Y el tercero sería la espiral del silencio. “Normalmente, cuando se genera una opinión pública en el debate y pensamos que es mayoritaria, tendemos a callarnos, de forma que se rompe con lo que se venía considerando políticamente correcto y todo entra bajo el paraguas de la libertad de expresión”, argumenta.
En mi trabajo diario se pueden ver sesgos de discriminación, especialmente vinculados al género y al aspecto físico
La consultora de comunicación Alba Juan, que trabaja gestionando cuentas en redes sociales de políticos y empresarios, coincide con este último argumento y explica que mucha gente “evita temas políticos en los debates públicos ante el conservadurismo que se refleja en las redes”.
En el trabajo diario de esta consultora “se pueden ver sesgos de discriminación, especialmente vinculados al género y al aspecto físico”, hecho que no solo conduce al señalamiento, sino también a las dificultades de adquirir popularidad “en un terreno que se ha hecho muy superficial, que presenta muchas barreras y en el que se hace complicado el darse a conocer y el querer continuar trabajando en esos ámbitos”.
Quien es señalado se expone, además de a la crítica, a dinámicas de linchamiento digital en los que se legitima la exclusión
El señalamiento, por tanto, es un problema más del mundo actual, pero no el único que deriva del cambio de paradigma en las nuevas maneras de comunicarse y de informarse. En cuanto a la discriminación que emana de estas prácticas, Alba Juan señala que “anteriormente la exclusión se practicaba en petit comité, en un aula o en un pueblo, pero ahora se hace visible en redes” por parte de personas que “pueden mostrar una gran incoherencia entre la esfera pública y la privada”, porque desde el anonimato “muestran un comportamiento mucho más agresivo”.
Otra voz conocedora de este fenómeno, la de la politóloga Anna López, autora del libro La extrema derecha en Europa, define que “en la política actual las persecuciones forman parte de lo que llamamos 'política de la tensión'", una idea aportada por Giuliano da Empoli basada en que “ya no se discute sobre políticas públicas, sino sobre relatos emocionales para evitar los consensos” y “quien es señalado se expone, además de a la crítica, a dinámicas de linchamiento digital en los que se legitima la exclusión”.
El clima general de polarización puede contribuir a normalizar ciertas formas de comunicación hostil
Desde la Universidad de Alicante, Mari Carmen Martínez-Monteagudo, profesora titular del Departamento de Psicología Evolutiva y Didáctica, trabaja en el proyecto europeo AI@Mediators, centrado en ofrecer, a través de la inteligencia artificial, apoyo directo a las personas que sufren señalamiento o ciberacoso, para que se vean acompañadas a través de “un primer apoyo accesible y continuo, especialmente en momentos en los que la persona no sabe a quién acudir o como actuar”, sin substituir la labor de los profesionales. En este caso, “el chatbot ofrece un espacio en el que el joven puede sentirse más cómodo para expresarse, especialmente al tratarse de una interacción inmediata, sin juicio y disponible en cualquier momento”, lo que “puede ayudar a dar el primer paso para verbalizar lo que ocurre y empezar a entender la situación”.
La profesora constata que el origen de dinámicas como el acoso “suele estar en el entorno cercano y en experiencias directas”, aunque “el clima general de polarización puede contribuir a normalizar ciertas formas de comunicación hostil, haciendo que estas prácticas resulten más aceptables o menos cuestionadas”.
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