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Guerra en Oriente Medio

¿Está Trump loco? EEUU podría estar replicando en Irán la 'teoría del loco' creada por Nixon para asustar a Vietnam

Convertidas en norma, las amenazas e insultos de Trump tratan de convencer a Teherán de que el presidente estadounidense es capaz de todo para arrancar las concesiones deseadas, una táctica que está erosionando la credibilidad internacional de Washington

Trump defiende su imagen representado como Jesús: "Pensé que era yo como médico"

Lucía Feijoo Viera

Barcelona

"Toda una civilización morirá esta noche para no volver jamás".

El pasado martes, Donald Trump amenazó abiertamente con perpetrar un genocidio en Irán si el régimen de los ayatolás no acataba su ultimátum de reabrir el estrecho de Ormuz, crucial para el comercio global. Cuando los periodistas pidieron las condiciones exactas de un acuerdo, el presidente de Estados Unidos se limitó a señalar: "uno que sea satisfactorio para mí". Un día antes, el mandatario había exhibido su tono más desquiciado. "Abrid el puto estrecho, locos cabrones, o vais a vivir en el infierno", exclamó en una publicación en su red social. A las pocas horas, Washington llegaba a un acuerdo de alto el fuego con Teherán.

La infamia retórica de Trump no son solo palabras, sino un crimen performativo, señala el filósofo Mathias Risse, profesor de la Harvard Kennedy School. Su atroz amenaza de asesinar a 90 millones de personas no solo describe una realidad, sino que la crea: la de aterrorizar.

¿Ha enloquecido el presidente estadounidense o es solo una proyección? Su comportamiento irracional, volátil y permanentemente incendiario ha hecho que cada vez más expertos se planteen si parecer loco es una estrategia con la que la Casa Blanca pretende imponer su agenda sobre el resto del mundo.

Toda una civilización morirá esta noche

Donald Trump

— Presidente de EEUU

La Teoría del Loco

Aunque Maquiavelo ya escribió en 1517 que en ocasiones es "algo muy sabio simular locura", Trump podría estar siguiendo en Irán los pasos de uno de sus grandes referentes personales: Richard Nixon. Entre 1969 y 1974, la política exterior del denostado dirigente republicano trató de convencer a los líderes de países comunistas como la URSS o Vietnam del Norte de que era un demente furioso con el botón nuclear a mano para así amedrentarles y hacer que se plegasen a su voluntad.

"Lo llamo la Teoría del Loco", confesó Nixon a su jefe de gabinete, Bob Haldeman, en 1968, según explicó este en el libro The Ends of Power (1978). "Quiero que los Norvietnamitas crean que he alcanzado el punto en el que podría hacer lo que fuera para parar la guerra (...) El mismo [líder revolucionario comunista] Ho Chi Minh estará en París en dos días suplicando la paz". A lo largo de su presidencia, Nixon ordenó a sus adjuntos que trasladasen a los soviéticos que era "capaz de la brutalidad más sangrienta" para arrancarles concesiones otrora improbables.

Nixon y Kissinger.

Nixon y Kissinger. / EP

Una "chiflado" contra Irán

En 2017, Trump le pidió al asesor Robert Lighthizer que le describiese como un "chiflado" durante las negociaciones comerciales con Corea del Sur, según destapó Axios, una maniobra que resucitó la controvertida teoría nixoniana. Casi una década después, el presidente podría estar emulando esa misma estrategia en Irán, donde el semidecapitado régimen aguanta tras seis semanas de feroces bombardeos de EEUU e Israel. "Nadie aplica una estrategia de 'loco' cuando siente que está ganando", remarca el analista político conservador David Frum, autor de los discursos de George W. Bush, en The Atlantic.

Trump ansia desesperadamente una victoria de cara a unas elecciones legislativas, en noviembre, a las que se dirige con la desaprobación del 56% de los estadounidenses. "Dado que hasta ahora no ha logrado obtener ninguna victoria clara en este conflicto, probablemente esté buscando algún tipo de golpe maestro que le permita retirarse y declarar la victoria sin que sus críticos puedan poner en entredicho su versión de los hechos", ha explicado Ali Vaez, director del programa sobre Irán del International Crisis Group, en declaraciones a The Guardian.

El presidente estadounidense, Donald Trump, gesticula mientras responde a una pregunta de los medios de comunicación durante una rueda de prensa sobre Irán desde la Casa Blanca.

El presidente estadounidense, Donald Trump, gesticula mientras responde a una pregunta de los medios de comunicación durante una rueda de prensa sobre Irán desde la Casa Blanca. / JIM LO SCALZO / EFE

Estrategia de "perdedores"

La historia arroja una valiosa lección que Trump podría ignorar. Para Nixon, flirtear con la locura y el ataque termonuclear a Moscú se tradujo en un periodo de desescalada con los soviéticos y la firma de dos tratados para controlar la proliferación de armas. No obstante, el feroz lanzamiento de 20.000 toneladas de bombas sobre Hanói y Haiphong durante las Navidades de 1972 desembocó en el asesinato de más de 1.600 civiles y prácticamente no logró alterar el texto del acuerdo de paz que se selló un mes más tarde.

En el mundo real de la diplomacia internacional, el énfasis con el que Trump ha destacado la utilidad de ser "impredecible" para el arte de gobernar podría ser un error táctico. "Hay pocas o ninguna evidencia de que la teoría del loco realmente funcione" para "intimidar a sus oponentes o arrancarles concesiones valiosas", advirtió en 2017 el experto en relaciones internacionales Stephen M. Walt en Foreign Policy. En ese artículo analizó como esa estrategia se tradujo en fracasos para históricos "lunáticos que prosperan en el caos" como Adolf Hitler, Pol Pot o Muammar al-Gaddafi. ¿Para qué reforzar a un loco si eso le hará más peligroso?

Hay pocas o ninguna evidencia de que la teoría del loco realmente funcione

Stephen M. Walt

— Politólogo y profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Harvard

Frum señala que, mientras Trump e Israel quedan aislados en la escena internacional, China se alza como una potencia sólida al venderse como una "fuerza fiable para la estabilidad", en palabras de Pekín. La violencia, la impulsividad y el desorden son enemigos de la confianza que requiere la diplomacia. O, como recalcó Walt, "los locos fracasan porque, por lo general, no se les da bien diseñar estrategias eficaces a largo plazo".

Incendiar el mundo con una crisis autoinfligida y erosionar la credibilidad de EEUU para supeditar al mundo a sus ambiciones personales es un proyecto con las patas cortas. "Ser impredecible puede tener sentido en los deportes o en el póquer, o incluso en un campo de batalla", advirtió Walt, "pero es una estrategia perdedora para la política exterior".

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