Análisis
Si Trump opta por el doble o nada, con el botón nuclear de Ormuz en manos de Jameneí, se arriesga a una recesión mundial
¿Vas a una guerra contra uno de los grandes productores de petróleo, el noveno, y con las terceras reservas del mundo, y le dejas en la mano el botón nuclear del estrecho de Ormuz? Como era previsible, está bloqueado y, según las primeras palabras del líder supremo del "nuevo régimen" de la Guardia Revolucionaria Islámica, así seguirá

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump / Europa Press/Contacto/Samuel Corum - Pool via CNP
Trump alardea de haber bombardeado 5.000 objetivos en un día -por cierto, se han cargado, como hicieron con obras de arte y arquitectura en su día los talibanes en Afganistán, el Palacio de Golestán en Teherán, patrimonio de la Humanidad desde 2013-, pero ¿cuál es la relevancia de esos objetivos desde el punto de vista estratégico? Preguntar esto al secretario de Guerra, Pete Hegseth, es pedir peras al olmo. Hegseth, como Trump, participa de una orgía de destrucción masiva. Es todo.
Ahora bien, ¿cómo es que el estrecho de Ormuz no fue considerado una pieza estratégica en los juegos de guerra del Pentágono?
Una respuesta posible: es que era un hecho sin precedentes. Porque el estrecho de Ormuz nunca ha sido cerrado.
Ciertamente, pero cuando te lanzas a una guerra de la magnitud de la emprendida, ¿se puede descartar su cierre?
En mayo de 1967, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser anunció el cierre del golfo de Aqaba (Tirán) en el mar Rojo (océano Índico) a toda navegación israelí y a barcos que transportaran materiales estratégicos hacia el puerto de Eilat.
La respuesta de Israel fue la llamada guerra de los seis días.
En la incapacidad para vaticinar lo que ha ocurrido con el estrecho de Ormuz se refleja, en síntesis, la aventura en la que se ha metido Trump, guiado según el mapa trazado por Netanyahu.
Irán procesa 900 millones de barriles diarios de su crudo y los exporta desde la pequeña isla de Kharg, situada en el Golfo Pérsico a 28 kilómetros de la costa. Una opción, por ejemplo, para no dejar en manos de Irán lo que es equivalente al botón nuclear en materia de abastecimiento de petróleo y gas, hubiera sido controlar la isleta, de 22 kilómetros cuadrados bajo custodia de la Guardia Revolucionaria Islámica. Es decir: arrebatar a Irán parte de costa del estrecho de Ormuz. "Preparas 80.000 marines, secuestras la isla y la mantienes bajo tu control", señala Scott Ritter, exmarine y exoficial de inteligencia que participó en las inspecciones de Naciones Unidas que no hallaron armas de destrucción masiva en Iraq.

Un mapa representa el golfo Pérsico, el estrecho de Ormuz, Irán y el golfo de Omán / Europa Press/Contacto/Andre M. Chang
"Ahora, cuando se haces con el control, te someterás a los ataques de misiles balísticos de Irán. Pero es que no tenemos esos marines necesarios, tendríamos que trasladar bastantes marines mediante transporte marítimo anfibio, lo que supondría riesgos, y, además, llevaría meses. La economía internacional, pues, sufriría un colapso", razona Ritter.
Los efectos de 13 días de guerra y de 13 días de clausura del estrecho de Ormuz, desde el 28 de febrero, ya son un hecho con la subida del precio del crudo por encima de los 100 dólares/barril desde 63 dólares/barril en enero pasado. Y con la incertidumbre sobre una repercusión más fuerte si la guerra se perpetúa.
La economía norteamericana, según uno de los inversores y economistas norteamericanos más veteranos, Jim Paulsen, ya está parcialmente en recesión. "La tecnología puede ser la cola que mueve al perro, pero el resto es una recesión con otro nombre", según una nota enviada a sus clientes este jueves, 12 de febrero. "Si se excluye la inversión de la nueva era [inteligencia artificial AI], el otro 89% gasto real privado subió solo un 1% en el 2025, año en el que el producto interior bruto (PIB) creció el 2,3%.
El estado de negación es tal que este jueves Trump realizó actos electorales en Ohio y Kentucky en los que ha vendido que los precios están bajando y los sueldos ganan capacidad adquisitiva. Es exactamente lo contrario.
El primer anuncio, por escrito, de Mojtaba Jameneí, el nuevo líder supremo, en el sentido de garantizar el cierre del estrecho de Ormuz y exigir que los países del Golfo cierren las bases militares de EEUU -si quieren evitar más ataques de Irán- confirma que Trump ha conseguido cualquier cosa menos arrodillar a la Guardia Revolucionaria Islámica, que ahora tiene más poder que antes del asesinato de Alí Jameneí el 28 de febrero de 2026.
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