Celebración en Extremo Oriente
Pekín intenta impulsar la alicaída economía local durante el año nuevo chino
El Gobierno regala cupones y cheques regalo para impulsar durante las vacaciones el consumo interior en restaurantes, hoteles, espectáculos culturales o deportivos
La visita de la primera ministra japonesa a Taiwán ha empujado a las autoridades chinas a desaconsejar a sus ciudadanos el viaje a la isla nipona

Pasajeros aguardan en una estación de Pekín antes de abordar un tren hacia sus hogares familiares con motivo de las vacaciones del año nuevo lunar. / Vincent Thian / AP
Sale la serpiente, entra el caballo. Los chinos celebran este martes el año nuevo lunar con las empanadillas al vapor para atraer los buenos augurios y petardos para espantar los malos espíritus. Son estas vacaciones, las más relevantes del calendario nacional, la única oportunidad para muchos de encontrarse con la familia en un país con una altísima migración laboral. El mayor desplazamiento humano del mundo sirve también de catalizador del consumo en una economía que ha dejado atrás sus días de gloria y de termómetro geopolítico.
El país espera 9.500 millones de viajes en el periodo de 40 días que se extiende más allá del año nuevo y el Festival de Primavera. Son 500.000 más que el pasado año y supondrán un nuevo récord histórico. La cifra se explica por los nueve días de las vacaciones estrictas actuales cuando normalmente son ocho. Unos 540 millones de esos viajes serán en tren, casi un centenar de millones en avión y el resto en carretera.
Miles de viajeros esperaban esta mañana en la estación del Sur de Pekín cargados de enormes maletas y con los innegociables fideos instantáneos. En el centro histórico se respiraba ya un ambiente prevacacional con muchos chinos visitando el Templo del Lama y paseando por el ovillo de callejuelas de casas bajas. El éxodo empezó ayer y alcanzará su cúspide el fin de semana. La migración laboral tiene un sentido horizontal: los cientos de millones empleados en las urbes de la boyante costa oriental regresan a sus provincias rurales del interior. El turismo, en cambio, se mueve más en vertical. Es habitual que los habitantes del cálido sur viajen al norte para disfrutar de las últimas nieves o el célebre festival de hielo de Harbin mientras los de las zonas septentrionales busquen el antiguo Cantón o las playas de arena blanca de la isla tropical de Hainan.
Pasión por viajar
Habla estos días la prensa oficial de la pasión por viajar y pronostica un impulso en el autoconsumo. En este confía el Gobierno para que releve a las exportaciones como motor económico, apuesta comprensible en un mundo cada día más imprevisible, pero el clima pesimista torpedea sus planes. Para vencerlo han diseñado las autoridades un plan de estímulo sin precedentes. El Ministerio de Comercio desveló esta semana una partida de 2.000 millones de yuanes (250 millones de euros) en cupones de descuento y cheques regalo con el fin de que los chinos no escatimen en restaurantes, hoteles, espectáculos deportivos o culturales. También se ha implementado un inédito plan de lotería en una cincuentena de ciudades. Cualquier gasto de cien yuanes (unos 8,5 euros) da derecho a un número para millonarias rifas.
La geopolítica no solo traba las mercancías chinas, también moldea las tendencias turísticas. La cercanía y el debilitado yen convirtieron a Japón en el destino favorito de los chinos pero las arruinadas relaciones diplomáticas han limado su atractivo. La primera ministra, Sanae Takaichi, pisó el charco taiwanés en noviembre y China desaconsejó a sus nacionales que viajaran a Japón por “serios peligros de seguridad”. En las vísperas vacacionales reiteró el mensaje para los olvidadizos. Las aerolíneas nacionales han prorrogado las devoluciones a los que compraron sus vuelos con anticipación y Japón recibirá estas vacaciones un 60 % menos de viajeros chinos que en las anteriores.
El frenazo jubilará este año dos tendencias asentadas desde el final de la pandemia: caerán por primera vez los turistas extranjeros en Japón y esta será relevada por Corea del Sur como destino favorito de los chinos. Unos 250.000 visitarán el país esta semana, lo que supone un aumento del 52 % respecto al pasado año. El puerto de Busan, segunda ciudad surcoreana, ha pasado de recibir ocho cruceros con origen en China el pasado año a 173 en el actual. Más de 300 llegarán a la isla de Jeju, principal destino turístico surcoreano. Las clínicas de cirugía y los salones de belleza han recibido un aluvión de demandas en las últimas semanas desde China. No escasean las razones para visitar el país, desde la cultura K-pop a la cosmética, y la sintonía política desde la victoria de Lee Jae Myung ha acentuado el turismo. China y Corea del Sur adoptaron recientemente políticas recíprocas que eximen de visado a sus nacionales. Sabe Seúl que conviene llevarse bien con Pekín para que fluyan los visitantes chinos. Años atrás sufrió un parecido castigo al que padece ahora Japón cuando permitió a Estados Unidos desplegar un escudo antimisiles que Pekín juzgó como una amenaza a su seguridad.
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