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Conflicto en Oriente Próximo

El régimen de Irán se abre a negociar con EEUU, pero mantiene la brutal represión de las protestas

El Gobierno de Teherán intenta escenificar sus apoyos con una gran manifestación en las calles de la capital, organizada y pagada por el propio Ejecutivo persa

Captura de un video de la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, con cuerpos de víctimas de las protestas contra el régimen islámico en Irán.

Captura de un video de la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, con cuerpos de víctimas de las protestas contra el régimen islámico en Irán. / EFE

Estambul

Han tenido que pasar siete meses, dos semanas de protestas y cuatro días de una violencia y represión "brutales para que finalmente Irán, que aseguraba en meses anteriores que "nunca volvería a la mesa de negociaciones con Estados Unidos", ahora se muestre dispuesta a hacerlo, aunque sea contra las cuerdas. 

Así lo ha asegurado este lunes el ministro de Exteriores iraní, Abbás Araghchi, que ha dicho que ha hablado en horas anteriores con el jefe negociador de Donald Trump, Steven Witkoff, para reemprender el diálogo entre Washington y Teherán, roto en junio del año pasado a causa de la guerra de 12 días entre Israel e Irán, en la que participó también EEUU con bombardeos contra instalaciones nucleares del país persa. 

"Lo he dicho en repetidas ocasiones. Estamos listos para negociar. Pero queremos que sean negociaciones dignas, entre iguales, y basadas en el respeto e intereses mutuos", ha dicho Araghchi en una reunión este lunes con diplomáticos extranjeros. Durante la madrugada, de hecho, el presidente estadoundiense había asegurado que Irán les "había llamado para negociar", y que él está dispuesto a sentarse con Teherán. "Pero quizás tengamos que actuar antes de reunirnos", dijo el multimillonario, en referencia a un posible futuro ataque estadounidense.

En su rueda de prensa diaria, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ha rebajado este lunes el tono y ha señalado que aunque Trump "mantiene todas sus opciones sobre la mesa", y que "no teme recurrir a las opciones militares" como ya "ha demostrado" anteriormente, "la diplomacia siempre es la primera opción para el presidente". "Lo que se escucha en público del régimen iraní es bastante diferente a los mensajes que la Administración está recibiendo en privado, y creo que el presidente tiene interés en explorar estos mensajes", ha añadido Leavitt.

Demostración del régimen

Horas antes de las declaraciones de Araghchi, el propio ministro de Exteriores participó en una gran manifestación en Teherán convocada y patrocinada por el Gobierno iraní, que busca hacer sus propias demostraciones de fuerza popular. El sistema de la República Islámica, creada en 1979 tras la victoria de la revolución islámica y la caída del shah, es apoyado por una minoría en el país: Teherán, sin embargo, busca demostrar que sus varios millones de seguidores son capaces de movilizarse en defensa de sus sistema.

Manifestación a favor del Gobierno, este lunes en Kerman.

Manifestación a favor del Gobierno, este lunes en Kerman. / MAHDI AMINZADEH / ZUMA / DPA

"Trump habla demasiado. No nos lo tomamos en serio. La enorme presencia de iraníes en las calles muestra claramente como nuestra gente está lista para rendir cuentas con Estados Unidos e Israel", ha declarado, durante la manifestación pro-Gobierno, un beligerante Alí Larijaní, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán y uno de los hombres fuertes del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí.

Muertes que se apilan

El trato de esta protesta, sin embargo, dista enormemente del recibido por los cientos de miles de manifestantes que salen diariamente a las calles de todas las grandes ciudades de Irán en contra de la República Islámica y de Jameneí, a quien los asistentes llaman "el dictador". La policía, el Ejército y la Guardia Revolucionaria, el cuerpo de élite político-militar del país, reprime las protestas con fuego y municiones reales. 

De hecho, el encargado de esta brutal represión suele ser el cuerpo de paramilitares Basij, una unidad de la Guardia Revolucionaria formada por expresidiarios fervientes a la causa del ayatolá. 

Los números no hacen más que aumentar: según la oenegé de derechos humanos HRANA, 572 personas han sido confirmadas muertas desde el 28 de diciembre, cuando empezaron las protestas, y 10.000 más han sido detenidas. Las cifras, sin embargo, son incompletas: el bloqueo absoluto a internet y a la red telefónica en el país hace imposible recopilar toda la información de la represión gubernamental, que se recrudeció enormemente el jueves de la semana pasada, cuando una gran manifestación fue convocada por Reza Pahlaví, el hijo del último shah de Persia.

La cifra de muertos real, así, podría estar en los varios miles —en apenas dos semanas de protestas—, según se desprende de imágenes publicadas de las morgues del país, completamente desbordadas. De hecho, incluso la televisión pública iraní ha realizado conexiones desde estas morgues, explicando que "muchos de los muertos son personas corrientes". El mensaje que busca mandar el gobierno iraní con estas palabras está claro: cualquiera que vaya a una manifestación puede acabar en la morgue.

Llamamiento a la no intervención

Todas las capitales de Oriente Próximo temen una nueva conflagración del conflicto entre Israel e Irán en caso de una intervención estadounidense contra República Islámica, que podría ocurrir en las próximas horas o días. 

Turquía, país de la OTAN con buenas relaciones tanto con Teherán como con Washington, ha pedido este lunes que Trump deje sola a Irán. "Los problemas [a los que se enfrenta Irán] deben ser resueltos a través de las dinámicas internas de la sociedad iraní. Cualquier intervención extranjera tendrá graves consecuencias para la región. Y si esta intervención es provocada por Israel en particular, esto tan solo llevará a una crisis aún mucho más profunda", ha asegurado este lunes Ömer Çelik, portavoz del Gobierno del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.

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