Internacional
Nunca debieron estar presos
El anuncio de liberaciones de presos políticos en Venezuela generó expectativas, pero la mayoría de detenidos siguen en los calabozos o bajo restricciones

Una pancarta exigiendo la liberación de los presos políticos en Venezuela. / Miguel Gutiérrez

Cuando el presidente de la Asamblea Nacional venezolana, Jorge Rodríguez, anunció que iban a liberar a "un número importante de personas venezolanas y extranjeras", es decir, a presos políticos, le pregunté a Néstor si por fin le iba a tocar a Marco y a Alby. Me dijo que creía que sí, pero en ese momento todo eran rumores. Me fui a dormir -hay una diferencia de seis horas con Caracas- con la información de los cinco primeros españoles liberados y con la esperanza de que me iba a levantar con noticias sobre el resto, aún sin saber a cuántos iban a ser excarcelados ni en qué condiciones.
No fue así. Por la mañana, ya el 9 de enero, el Foro Penal solo contabilizaba ocho presos políticos excarcelados -que no liberados, porque pesan sobre ellos medidas cautelares, como prohibición de ofrecer declaraciones-. Eran ocho que nunca debieron estar ahí, pero es que distintas organizaciones de derechos humanos contabilizan más de 800 personas presas por motivos políticos, más las que no están contabilizadas porque sus familiares, por miedo, nunca denunciaron. Deben salir todas y hay consenso social en exigir que sean libres, como no puede ser de otra manera.
A Marco lo liberaron dos días después de ese anuncio. Las liberaciones están siendo así, a cuenta gotas y con irregularidades. Para una persona que lleva meses encerrada y sometida a todo tipo de tratos crueles e inhumanos un par de días es mucho tiempo. Para los tres exfuncionarios de la extinta Policía Metropolitana de Caracas que llevan más de dos décadas encarcelados por proteger a los manifestantes de la oposición el 11 de abril de 2002, en el marco de las protestas durante el paro petrolero, estamos llegando muy tarde. Ojalá sepan que lo intentamos todo y no pudimos. Ojalá sean libres y puedan recuperar su vida.
El testimonio de Lorent Saleh ahora se escucha en todos los canales de televisión de España. Yo tenía 20 años cuando Colombia lo entregó a Venezuela a pesar de las advertencias del riesgo que esto suponía para su integridad. La cara de los periodistas españoles al escucharlo ahora es un poema. Lorent vive en destierro, exilio forzado en España desde 2018. Lo contamos y nadie escuchó.
"Me siento horrible porque siempre soñé con estar en una redacción para cuando esto pasara", me dice una amiga periodista. Más 400 medios de comunicación han sido cerrados por el chavismo, según la ONG Espacio Público, y los periodistas independientes que quedan luchando para poder contar la verdad lo hacen bajo un enorme riesgo. Yo tampoco siento que sea suficiente lo que cuento desde esta trinchera. No sé si alguna vez va a ser suficiente todo lo que contemos. Por ahora me conformo con que, ahora sí, parece que nos quieren escuchar. Quizás demasiado tarde.
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