Territorio estratégico
Rusia tienta a Trump con negocios en el Ártico, donde podría decidirse la suerte de Ucrania
El deshielo provocado por el calentamiento global abre inmensas oportunidades: desde nuevas rutas marítimas a ingentes recursos por explotar

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump (d), y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, posan en la pista de aterrizaje tras llegar para asistir a una reunión en la Base Conjunta Elmendorf-Richardson en Anchorage (Estados Unidos). / EFE
"Es en Alaska y en el Ártico donde convergen los intereses económicos de nuestros países y donde surge la oportunidad de implementar proyectos mutuamente beneficiosos a gran escala", dijo en agosto Yuri Ushakov, el principal asesor del Kremlin en política exterior y uno de los hombres clave en las conversaciones con Estados Unidos sobre Ucrania. Donald Trump y Vladímir Putin estaban a punto de reunirse en Alaska y, como sucedió antes en Riad, los proyectos de negocio conjunto en el Ártico esperaban sobre la mesa. Ese canal paralelo en las negociaciones ha pasado muy inadvertido, pero podría ser decisivo para el futuro de Ucrania y la seguridad europea. Moscú lleva meses tentando a la Casa Blanca con jugosas oportunidades en gas, petróleo, minerales críticos o transporte en el Ártico. Sabe que la política exterior de Trump es transaccional. Y los negocios grandiosos, el camino más corto para ganarse al magnate.
Esa estrategia le sirve al Kremlin para perseguir varios de sus objetivos. Todo está muy interconectado: la negociación en Ucrania, las sanciones occidentales, el futuro de la economía rusa. Y, por supuesto, el Ártico, la última obsesión de Putin, solo comparable a sus ambiciones para devolver a Rusia su estatus de gran potencia sometiendo a los países de la que considera su esfera de influencia. El calentamiento global avanza en el Gran Norte cuatro veces más rápido que en la media del planeta. Un deshielo que está abriendo inmensas oportunidades. Desde nueva rutas marítimas a ingentes recursos por explotar. Y Rusia está mejor posicionada que sus vecinos ribereños, todos ellos occidentales. Suyas son más de la mitad de las costas árticas, de las que proviene una parte substancial de su riqueza, y la mayor flota mundial de buques rompehielos.
"Es en las regiones del Extremo Oriente y el Ártico donde reside el futuro de Rusia", dijo Putin en 2022, poco después de que las sanciones impuestas por la invasión de Ucrania empezaran a cerrar el mercado europeo. Putin ordenó a los suyos "acelerar al máximo" los proyectos económicos y militares en la región. Este verano volvió a repetirlo: "Ahora está claro que el futuro de Rusia pasa por el desarrollo del Ártico". El déspota ruso no está solo en su interés por ese nuevo mundo, militarizado también a marchas forzadas. Trump ha dejado de priorizar la investigación científica en la región, para propulsar su dimensión militar y económica. Ha hecho públicas sus ambiciones sobre Groenlandia y ha abierto vastas extensiones de tierra a la explotación de hidrocarburos, tierras raras y minerales críticos, de los que depende en gran medida de China.
Los anzuelos rusos
El Kremlin está tratando de aprovecharlo. Ya tras la reunión de Riad en febrero, teóricamente sobre Ucrania, uno de los negociadores del Kremlin confirmó que se abordaron también áreas específicas de cooperación. "Fue una discusión a grandes rasgos sobre posibles proyectos en el Ártico", dijo Kirill Dimitriev, también jefe del fondo soberano ruso. Más tarde en Alaska, se discutió la posibilidad de que EEUU compre rompehielos rusos de propulsión nuclear, según informó Reuters. O la vuelta de la petrolera Exxon Mobil a Rusia, donde tenía hasta 2022 una participación del 30% en el proyecto de explotación de hidrocarburos Shajalín-1, situado en las zonas subárticas del Extremo Oriente ruso. Ese mismo día Putin firmó un decreto autorizando que inversores extranjeros puedan recuperar sus acciones en Shajalín-1 bajo determinadas condiciones.
Pero hay más, en octubre, Dimitriev propuso la construcción de un túnel subterráneo que una las costas de Alaska con el Ártico ruso a través del estrecho de Bering para el transporte ferroviario de mercancías. El 'Túnel Putin-Trump', según lo bautizó, un proyecto que serviría para "simbolizar la unidad" entre los dos países. Como constructor propuso a Elon Musk y su Boring Company. "Una idea interesante", respondió Trump.
Más recientemente, mientras los 28 puntos de la última "propuesta de paz" para Ucrania se redactaban en Miami Beach con Dimitriev en la mesa, el negociador del Kremlin propuso que compañías de los dos países se unan "para explotar la ingente riqueza mineral del Ártico", según publicó 'The Wall Street Journal'. Esos 28 puntos fueron recibidos con desmayo en Kiev y Bruselas por su pronunciado sesgo prorruso.
"Lo que podemos deducir de las ofertas rusas que se han filtrado y cómo la Administración Trump las está abrazando es que, una vez más, Rusia ha seducido a los estadounidenses", asegura a este diario el británico Keir Giles, analista de Chatham House y experto en el conflicto entre Rusia y Occidente. "Trump y su círculo más cercano están tratando de imponer a Ucrania las demandas rusas para poder perseguir sus acuerdos de negocios con Rusia", añade.
Se busca tecnología occidental
Para Moscú es potencialmente un 'win-win'. No solo en lo que respecta a Ucrania, sino por su necesidad de atraer capital extranjero y, sobre todo tecnología occidental, para desarrollar el potencial de sus regiones árticas. De las que depende en parte su maquinaria de guerra. "Los funcionarios rusos dicen a menudo que el 80% de las reservas de gas y el 17% de las de petróleo están en sus zonas árticas", escribe el European Council on Foreign Relations. "Pero dos tercios de esas reservas son hoy inaccesibles debido a las limitaciones tecnológicas".

Deshielo en el Ártico. / EPC_EXTERNAS
Las sanciones europeas, iniciadas en 2014 tras la anexión ilegal de Crimea, han ralentizado significativamente algunos proyectos, como la explotación de gas licuado Arctic LNG 2. "Ya no son tan dependientes de la tecnología occidental porque China ha acudido a su rescate, pero aun así tienen un gran interés en el regreso de las compañías occidentales", explica Mikkel Runge Olesen desde el Danish Institute for International Studies. Algunos medios han publicado que la Casa Blanca habría planteado levantar las sanciones sobre los proyectos rusos en el Ártico a cambio de progresos tangibles en la negociación sobre Ucrania.
Moscú también busca inversores para el desarrollo de los puertos y la infraestructura de la Ruta Marítima del Norte, que atraviesa el Ártico acortando las distancias entre Europa y el Pacífico Asiático un 50%. Controlada por Rusia, que exige permisos a los cargueros internacionales, es la más navegable de las rutas árticas. Los periodos de navegación no dejan de incrementarse a medida que se agrava el cambio climático.
El riesgo de todo esto es que Trump acabe mordiendo el anzuelo ruso y abandone a Ucrania para abrazar las oportunidades de negocio ofrecidas por el Kremlin. El republicano ya ha dado numerosas muestras de impaciencia con Kiev, tanto que ha llegado a amagar con retirarle completamente el apoyo si no acepta la "paz" propuesta por la Casa Blanca.
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