Cumbre en Shangái
Xi anima a Putin y a Modi a reforzar lazos y a apuntalar "un mundo multipolar"
“Mirando al futuro, en este mundo turbulento y cambiante, debemos seguir el espíritu de Shanghái”, ha aleccionado Xi, ante una veintena de líderes mundiales del Sur Global

Vladimir Putin en una reunión bilateral con su homólogo e Tayikistán Emomali Rahmonov, en un aparte de la cumbre de la Organización para la Cooperación de Shangái, con su portavoz, Dmitri Pskov en primer plano. / AP via pool
Xi Jinping ha descrito el mundo que anhela China ante una audiencia receptiva. Multilateral, justo, sin trabas al comercio internacional ni las mohosas mentalidades de la Guerra Fría, atento a las necesidades de ese mundo en desarrollo que ahora se conoce como Sur Global… Lo ha definido el presidente chino como “el espíritu de Shanghái” en alusión a la organización que estos días junta a una veintena de líderes. “Mirando al futuro, en este mundo turbulento y cambiante, debemos seguir el espíritu de Shanghái”, ha aleccionado Xi en Tianjin, ciudad costera al este de Pekín.
El discurso chino es sabido; lo relevante de esta cumbre es la entusiasta participación de India tras jubilar, al menos temporalmente, su mesurado equilibrio geopolítico. Es otro signo de la esotérica geopolítica de Trump que a la iniciativa china, que pretende limar la influencia estadounidense, se haya subido India con un empujón estadounidense. Los aranceles del 50% aprobados por su viejo aliado a las exportaciones indias no han dejado más alternativa a Nueva Delhi que el abrazo chino. Ha criticado Xi los “comportamientos matones” en una probable referencia a los muros comerciales de Trump. China y Rusia los han vadeado diversificando sus mercados y en eso está trabajando India.
“Debemos defender un mundo igualitario y multipolar, la globalización económica inclusiva y un sistema de gobierno más justo y equitativo”, ha pedido esta mañana Xi en su discurso de apertura. Ha aplaudido a los miembros por vencer a los “tres demonios”: el terrorismo, el extremismo y el separatismo. La seguridad de las fronteras en Asia Central fue, de hecho, el humilde objetivo de los cinco países que fundaron la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO, por sus siglas inglesas) dos décadas atrás. Pronto admitió a India y Pakistán, entre otros, y amplió sus fines.
Estirar los límites
Hoy está afanada China en estirar los límites. Ha anunciado Xi que Pekín destinará este año 2.000 millones de yuanes (307 millones de euros) para ayudas gratuitas a los países miembros y creará un banco para conceder créditos por 10.000 millones de yuanes (unos 1.500 millones de euros). No ha dado más detalles sobre ese banco ni se sabe cómo convivirá con el Banco Asiático del Desarrollo, otra iniciativa apadrinada por China y ya a pleno rendimiento. Sobre el rumbo hay menos dudas: construir una arquitectura financiera alternativa a la que ha gobernado Occidente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Ha insistido hoy Vladímir Putin, líder ruso, que urge reformar el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. “Es esencial acabar con la política financiera como un instrumento neocolonial que va en contra de los intereses de la mayoría del mundo”, ha dicho.
Es esta la cumbre más multitudinaria de la SCO, con buena parte de Asia y Oriente Próximo representada entre países miembros e invitados. Las reuniones bilaterales en sus márgenes se asemejan a unas olimpiadas diplomáticas. Xi y Modi protagonizaron ayer la más enjundiosa, con emocionantes promesas de amistad que sobrevolaron los enquistados pleitos fronterizos. Los focos estaban hoy en Modi y Putin. El primero ha etiquetado las relaciones sinorusas como “especiales y privilegiadas” y el segundo le ha saludado con un “querido amigo”. No parece Modi dispuesto a cancelar las compras de petróleo ruso que han motivado los aranceles estadounidenses. Primero, porque son necesarias para la demanda energética de sus 1.400 millones de personas; segundo, porque arrodillarse sería la tumba de un líder ultranacionalista que ha prometido traer la grandeza a India.
Nueva Delhi y Moscú han gozado de buena sintonía política y vínculos comerciales recios desde la Guerra Fría. Las sanciones de Trump les han llevado a las más altas cotas y han empujado a Modi a Pekín tras siete años sin pisarla para unirse al “espíritu de Shanghái”. En este contexto histórico que junta a una potencia declinante, Estados Unidos, con otra pujante, China, se esperaba que la primera se esforzara en retrasar el sorpasso. Es sorprendente su ímpetu en acelerarlo.
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