Los que le conocen y han tenido ocasión de hablar con él en los últimos meses aseguran que está encantado con la victoria de Donald Trump. Alexandre Bissonnette, el estudiante de Ciencias Políticas de 27 años que entró el domingo en una mezquita de Quebec y asesinó a tiros a seis personas, no tenía inconveniente en defender al nuevo presidente de EEUU. Pero jamás, dicen, abogó públicamente por la violencia con fines políticos.

Hasta el domingo, cuando segó la vida de seis musulmanes que estaban rezando; todos ellos, tal y como confirmó el vicepresidente del Centro Cultural Islámico de Quebec, Mohamed Labidi, tenían doble nacionalidad, todos eran canadienses. Hirió, además, a otras ocho personas -cinco de ellas están en estado muy grave- en uno de los peores ataques contra la comunidad musulmana cometidos en un país occidental. Nadie ha explicado el móvil de la matanza de forma oficial.

Alexandre es amigo de los debates políticos, eso sí, al amparo de las redes sociales. Facebook (donde su cuenta ya está cerrada) ha ido dejando un rastro de su ideario ultranacionalista y supremacista blanco, sacado a colación a la primera de cambio con comentarios contra inmigrantes y feministas. Su perfil daba cuenta de su devoción, además de por Trump y por la líder del francés Frente Nacional, Marine Le Pen, por el partido separatista de Quebec y las fuerzas de defensa israelíes.

Nacido en 1989, francocanadiense, fue un niño «tímido y educado» que creció, junto a su hermano gemelo, en el barrio pudiente de Cap-Rouge de Quebec. Sus vecinos Huguette Gagnon y Alain Dufour les han descrito en un diario local como «niños pulidos». Familia «ejemplar», niños «sin problemas»; epítetos ahora en entredicho.

El carácter reservado de Alexander se fue agudizando con los años. Hasta el punto de que en secundaria ya era visto por sus compañeros como un «rarito marginado». Considerado un estudiante serio, se enroló en el cuerpo de cadetes, llevado por la admiración a su abuelo militar. Pocos amigos y aficiones solitarias como la caza y el ajedrez. Amante de las pistolas, practicaba tiro en un club. Y mucha actividad en las redes sociales, con una reputación de troll por sus comentarios contra los inmigrantes.

La Universidad de Laval, donde también le oyeron perorar contra los extranjeros, le acaba de expulsar. Terminó Antropología y actualmente cursaba Ciencias Políticas. No tenía antecedentes penales. Pero sí era un viejo conocido de la oenegé Wellcome to Refugees-Quebec City. El gestor de la web de la asociación, François Deschamps, constata sus intervenciones en foros antiinmigración.

Ataviado con el uniforme de preso y con apariencia de estar «abatido», el estudiante compareció el lunes ante el juez, que le imputó seis delitos de asesinato y otros cinco de tentativa de asesinato. Su abogado, Jean Petit, evitó hacer declaraciones, pero fuentes judiciales citadas por el periódico Montreal’s La Press aseguran que Alexandre no escondió su animadversión hacia los inmigrantes durante el largo interrogatorio policial.

En paralelo avanzan las investigaciones de la policía, que asegura que hace poco Alexander alquiló un apartamento en el barrio de Sainte-Foy, cercano a la mezquita donde cometió la matanza, donde vivía con su hermano. Las hipótesis policiales apuntan a que actuó solo. Si las pruebas lo avalan, podría ser acusado de acción terrorista.