Donald Trump no ha tenido que adoptar ninguna medida en política exterior para que vaya tomando forma el repliegue aislacionista que esbozó durante su campaña. Le han bastado un puñado de decretos que afectan exclusivamente a las fronteras de EEUU para aislarse de parte del mundo y desatar su primera crisis global. La decisión de vetar la entrada a los ciudadanos de siete países musulmanes y cerrar las puertas a los refugiados ha generado airadas condenas en numerosas capitales, desde Berlín a Yakarta, pasando por París o Teherán. Pero también le ha servido para convertirse en el héroe de los populismos de extrema derecha que aspiran a tomar el poder en Europa y que tienen como denominador común su rechazo a los inmigrantes, particularmente los musulmanes.

Es pronto para saber las repercusiones globales que tendrá para EEUU el veto adoptado por la Administración Trump, pero las muestras de rechazo no han tardado en llegar. La ONU ha dicho que la medida es «miserable» e «ilegal», así como contraproducente en la lucha contra el terrorismo. «La discriminación basada solamente en la nacionalidad está prohibida por la legislación de los derechos humanos», ha dicho el alto comisionado para los Derechos Humanos, Zeid Raad Al Hussein. Por el momento, la prohibición inicial de 90 días afecta solamente a los ciudadanos de Siria, Irak, Irán, Somalia, Sudán, Yemen y Libia, países de los que paradójicamente no ha salido ninguno de los responsables de los 10 atentados letales de corte yihadista que ha sufrido EEUU desde el 11-S, según la Base de Datos del Terrorismo Global.

Su Administración ha cerrado las puertas durante 120 días a los refugiados de todo el mundo e indefinidamente a los de Siria. Si la medida cautelar se acaba levantando, Trump pretende priorizar la acogida de cristianos, a los que ha señalado casi como únicas víctimas del terrorismo, cuando son muchos más los musulmanes que han padecido sus estragos.

Desde Alemania, uno de los países que más refugiados ha acogido en Europa, el portavoz de la cancillera Angela Merkel afirmó que «ni siquiera la necesaria lucha contra el terrorismo justifica poner a personas con un particular origen o fe bajo sospecha». Y desde Francia, su ministro de Exteriores aseguró que la acogida de refugiados en una «obligación». «El terrorismo no tiene nacionalidad, la discriminación no es la solución», dijo Jean-Marc Ayrault.

En clave interna, las medidas de Trump han soliviantado a los funcionarios del Departamento de Estado. Sus diplomáticos están recabando firmas para un memorando de protesta donde se dice que el veto «no logrará satisfacer el objetivo declarado de proteger a los estadounidenses de los ataques terroristas».

En su lugar, «enturbiará de forma inmediata las relaciones con estos siete países, así como con buena parte del mundo musulmán, para el que la prohibición tiene motivos religiosos». Tanto Irak como Irán barajan medidas análogas para prohibir la entrada en su territorio de los ciudadanos estadounidenses, lo que podría generar un auténtico caos en Irak, donde EEUU tiene desplegados 5.000 militares que trabajan codo con codo con el Ejército iraquí.

«Sería arrogante que vosotros entrarais libremente en Irak y otros países mientras nos prohibís la entrada en vuestro país, así que deberíais sacar a vuestros conciudadanos», expresó ayer el influyente clérigo chií iraquí Muktada al Sadr. Desde Irán, su ministro de Exteriores, Yavad Zarif, afirmó que la decisión estadounidense constituye «una discriminación colectiva», que «ayudará a los terroristas a reclutar adeptos».

OBAMA ALERTA DEL PELIGRO / El expresidente de EEUU Barack Obama indicó ayer a través de un comunicado que «los valores estadounidenses están en peligro», al tiempo que señaló estar «alentado» por el compromiso social en el país contra las medidas migratorias adoptadas por Trump. Esta es la primera declaración de Obama tras dejar la Casa Blanca el pasado 20 de enero, día en que el polémico Trump asumió la presidencia del país.