Donald Trump, el campeón en captar la atención de los medios de comunicación, volvió ayer a conseguirlo; ir más lejos que nadie antes con declaraciones polémicas y convertirse en el epicentro informativo. En medio de la tormenta desatada por la filtración por Wikileaks de correos electrónicos generados en un ataque de pirateo informático al Comité Nacional Demócrata, que investiga el FBI y que la campaña de Hillary Clinton ha atribuido a Rusia y ha vinculado potencialmente al candidato republicano a la Presiencia de los Estados Unidos de América, Trump hizo unas explosivas declaraciones: sugirió que los piratas informáticos pueden haber accedido a mensajes de Hillary Clinton y les instó a que los hagan públicos.

Las declaraciones, de facto, le convierten en el primer aspirante a la Casa Blanca en animar el ciberespionaje y la injerencia de una potencia extranjera en una campaña electoral estadounidense.

«Los rusos hackean. Probablemente tienen sus 30.000 correos electrónicos. Espero que los tengan», dijo en una rueda de prensa en el Estado de Florida en referencia a los mensajes que Clinton envió con el polémico servidor privado que usó cuando era secretaria de Estado y que borró alegando que eran personales.

«Rusia, si estáis escuchando, espero que seais capaces de encontrar los 30.000 correos desaparecidos. Creo que probablemente seréis generosamente recompensados por nuestra prensa. Veremos si ocurre. Eso será lo próximo», añadió.

Las declaraciones causaron inmediatamente la condena de los demócratas y Jake Sullivan, asesor de Clinton, emitió un comunicado denunciando que «esta debe ser la primera vez en que un importante candidato presidencial ha animado activamente a un poder extranjero a cometer espionaje contra su oponente político. No es hipérbole, son los hechos. Esto ha pasado de ser un tema curioso y de política a ser un tema de seguridad nacional».

Otros republicanos se distanciaron de Trump, incluyendo Mike Pence, el hombre que ha elegido como aspirante a vicepresidente. «El FBI descubrirá quién está detrás del ataque informático», dijo en otro comunicado. «Si es Rusia y están interfiriendo en nuestras elecciones, puedo asegurar que ambos partidos y el Gobierno asegurarán que hay serias consecuencias».

John Kasich, el gobernador del Estado de Ohio que fue uno de sus rivales en las primarias, también expresó su repulsa en un mensaje difundido a través de la red social Twitter, en el que aseguró que «Hillary Clinton puso nuestra seguridad en riesgo pero Putin no es nuestro amigo; la injerencia extranjera en las elecciones de Estados Unidos no puede tolerarse».

Nada ha frenado a Trump, que aunque en la misma rueda de prensa aseguró que no está demostrado que Rusia esté tras el ataque informático y sugirió que pueden haber sido otras potencias como China, redobló sus ataques en Twitter.

La polémica ha vuelto a demostrar la maestría de Trump en dirigir la conversación mediática y ha probado que no engañó cuando prometió contraprogramar la Convención Demócrata.

Ha conseguido acaparar la atención horas antes de que arranque en Filadelfia la tercera jornada de la reunión, en la que el partido va a poner el foco precisamente en tratar de probar la preparación de Clinton en temas de seguridad nacional.

ADMIRACIÓN POR PUTIN / Obama justamente se había referido el martes en una entrevista en la cadena NBC al asunto del ataque informático al DNC, a la filtración y a Trump y a Rusia, aunque con pies de plomo. «Sabemos que los rusos atacan nuestros sistemas, no sólo gubernamentales sino también privados», constató.

«No puedo hablar directamente de los motivos de las filtraciones, lo que sé es que Donald Trump ha expresado repetidamente admiración por Vladímir Putin», afirmó el presidente de los Estados Unidos.

Por otra parte, la exsecretaria de Estado Madeleine Albright dijo que «Donald Trump tiene una extraña admiración por dictadores: Saddam Hussein, Kim Jong-un, Vladimir Putin». H