Por vez primera, los tunecinos votan libremente a su presidente. Sin duda es un acontecimiento histórico, porque hace solo cuatro años el país magrebí era gobernado por el puño de hierro de Zín el Abidín Ben Alí. El candidato del partido liberal Nida Tunis, Beyi Caid Esebsi, parte como claro favorito, cuando no han pasado siquiera dos semanas del triunfo de esta formación en las legislativas. "Les toca el turno a otros, después de la mala experiencia con los islamistas. Tras ganar las elecciones de la Asamblea Constituyente en 2011, se ocuparon de moralizar en vez de hacer política", dice el politólogo Anis Morai, presentador de un programa estrella en la radio pública.

De hecho y para sorpresa de todos, los islamistas de Ennahda, derrotados en las legislativas, no compiten en esta carrera por el sillón presidencial. No solo retiraron su candidatura sino que se han mostrado en todo momento neutrales, sin apoyar oficialmente a ninguno de los 22 aspirantes. De ellos, solo uno puede significar una competencia real para Esebsi: el actual presidente interino, Moncep Marzuki, que se presenta como independiente.

Pase lo que pase hoy, el país está enseñando al mundo que a través del consenso político --que permitió la adopción de la nueva Constitución-- se puede alcanzar un proceso de transición democrática. Hay elementos perturbadores, como los extremistas de Ansar el Sharía, que de vez en cuando se dejan ver con aislados ataques contra las fuerzas de seguridad. Sin embargo, mientras Siria se desangra, Libia se sume en el caos o en Egipto vuelven a mandar los militares, Túnez ha logrado convertirse en la excepción entre los procesos frustrados de la denominada primavera árabe .