El 1 de diciembre fue, hasta hoy, el festivo civil más antiguo en Portugal. El festivo para celebrar la restauración de la independencia, decretado en la segunda mitad del siglo XIX, resistió a la primera república, a la dictadura de 30 años de Salazar y a la Revolución de los Claveles. Sin embargo, no ha podido sobrevivir a la llegada de la troika.

La supresión de este festivo, junto con otros tres este año (otro civil y dos religiosos) forma parte del paquete de medidas de austeridad aprobadas en 2012. Aunque el Gobierno no haya concretado todavía la cifra de ahorro, hay estudios que constatan que cada uno de estos festivos costaba 37 millones de euros al Estado. No será el caso este año. Al caer en domingo, la desaparición de este festivo no se notará. Sin embargo, su supresión fue de todo menos discreta.

Los diputados más conservadores del Parlamento portugués no solo se opusieron a su eliminación. Tras ser aprobada su supresión el año pasado, el exlíder del Centro Democrático Social-Partido Popular (CDS-PP) José Ribeiro e Castro encabeza ahora una iniciativa legislativa para recuperar el festivo, aunque el Ejecutivo haya afirmado que solo reevaluará su regreso en el 2019. El documento, que necesita la adhesión de 35.000 firmas, propone que la fecha, que señala el fin de los 50 años de dominio español (1590-1640), sea consagrada como Día Nacional de Portugal.

Oposición del clero

La eliminación del festivo fue contestada incluso entre miembros del clero, que aceptaron eliminar el Corpus Christi y el Día de Todos los Santos. Januário Torga, obispo de las Fuerzas Armadas, afirmó: "Los festivos religiosos son solo para una parte de los portugueses pero los civiles son de todos". "El día en que conmemoramos nuestra independencia de los españoles, de manera heroica, ¿no sirve para nada?", se preguntó.

Sin embargo, también hay quien hace una lectura totalmente contraria. El sociólogo Manuel Villaverde Cabral calificó el festivo como "absolutamente sin sentido". Para el enaltecimiento de "la patria" ya existe el día nacional, el 10 de junio, recordó Cabral. "La mitad de los portugueses ni sabe lo que significa el 1 de diciembre", afirmó.

Según un estudio publicado en el 2011 por un investigador de la Universidad Lusófona, Luis Bento, la totalidad de los festivos (entonces eran 13) costaban a Portual un total de 800 millones de euros, el 0,5% del producto interior bruto (PIB).

Una operación cosmética

Sin embargo, el sociólogo defiende que estas medidas de eliminación de jornadas festivas son "cosméticas que no resuelven el planteamiento laboral". Las horas de trabajo aumentan solo entre un 0,7% y un 1% al año, lo que no contribuye a mejorar el grave problema de productividad del país.

En declaraciones al diario Publico , Bento señala que el impacto económico de la supresión de un festivo no siempre es positivo. "El 15 de agosto, por ejemplo, tiene más beneficios que costes para el país, ya que muchos pueblos del interior hacen sus fiestas del emigrante, con impacto en empresas de pirotecnia, espectáculos, restauración y hostelería", explicó.