Para los combatientes del Ejército Sirio Libre posicionados en la población de Al Jabha, la única manera de aproximarse a los tanques desplegados en la estratégica carretera general entre Damasco y Alepo es atravesando sus calles arrasadas a toda velocidad a bordo de una motocicleta; y una vez alcanzado el límite oriental del destruido casco urbano, agazapando la cabeza y recorriendo a paso ligero y con el aliento entrecortado una red de trincheras protegida por árboles y matorrales. Ya en la primera línea del frente, en el lado opuesto del valle, a unos 800 metros en dirección este, es posible identificar a un blindado del Ejército regular sirio.

A primera vista, la misión podría parecer hasta sencilla: mantener el actual equilibrio de fuerzas en el campo de batalla, que impide al enemigo utilizar este tramo de la vital ruta entre las dos principales ciudades de Siria y que le obliga a realizar el aprovisionamiento de sus tropas en Alepo por vía aérea. "Hay unos 100 tanques estacionados en esta región a lo largo de la carretera, a una distancia de un kilómetro entre unos y otros, pero nada se puede mover por aquí porque entonces atacamos", explica, con una sonrisa de satisfacción, el capitán Abú Abdala, al frente de la liua (batallón) Deraa al Saiqa.

NUEVOS ESPACIOS DE COMBATE No obstante, el poder de fuego del Ejército sirio, muy superior, y los constantes bombardeos de aviones Mig y Sujoi dificultan la labor de hostigamiento de los combatientes opositores, por mucho que desde los pueblos situados en el margen contrario de la carretera, con quienes los combatientes de Al Jabha se coordinan, se esté haciendo lo propio y acosando a su vez a los blindados por aquí estacionados.

"Esta trinchera es demasiado estrecha; tiene que tener medio metro de anchura para que en caso de ataque, os podáis mover con comodidad. Los sacos terreros los tenéis que colocar en líneas de a dos y en posición horizontal, de esta forma, si son alcanzados por el fuego enemigo, no se desploman sobre vosotros", ordena Abú Abdala.

Un total de 1,3 kilómetros de tierras removidas, repartidas seis trincheras de entre 200 y 300 metros de longitud, conforman esta posición militar. En los extremos, un par de hombres con palas excavan y abriendo nuevos espacios de combate para los soldados del ESL.

El único armamento antiaéreo a la vista es una camioneta pick up ensamblada a una ametralladora pesada DshK aparcada en las proximidades y camuflada por ramas de pino, que ni siquiera se molesta en abrir fuego en cuanto se hace más intenso el ruido originado por el motor de un helicóptero debido a que se encuentra fuera de su alcance. El constante estruendo de las explosiones hace retumbar todo el valle pero ya nadie se sobresalta por ellas. Todos quienes combaten en las trincheras de Al Jabha son jóvenes nacidos en las poblaciones de la región (Kafersijneh, Ar Rakaia o Madaia) con edades entre los 25 y 30 años. "Los mayores de 40 años no pueden correr rápido y aquí es necesaria gente que pueda huir rápidamente", puntualiza Abú Abdala.

Cuentan la mayoría de ellos con entrenamiento militar tras haber cumplido el correspondiente año y medio de servicio militar en el Ejército regular sirio y creen que la suya es una guerra defensiva, ya que si no acosaran a su enemigo de la forma en que lo hacen, los blindados habrían entrado hace ya tiempo en sus respectivas localidades, todas ellas alineadas desde el inicio de la revolución con el bando opositor.

Pero después de dos años de combates y bombardeos diarios, la única pregunta que se hacen ya los jóvenes de perillas recortadas de Al Jabha es cuánto tiempo más se prolongará la guerra en las trincheras.