El segundo aniversario de la Revolución egipcia que derrocó al presidente Hosni Mubarak ha quedado marcado por la tragedia. A los 9 muertos y 500 heridos que se produjeron entre la madrugada del viernes y la de ayer en las protestas opositoras en diversas ciudades egipcias y los posteriores enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, se sumaron 30 víctimas más que perdieron la vida en los graves disturbios que se vivieron en la ciudad de Port Said, en el noroeste del país.

El preludio del drama, ajeno totalmente a la turbulenta situación política que vive Egipto, fue ayer por la mañana, en El Cairo, cuando un tribunal recomendó la pena de muerte para 21 de los 73 imputados por la masacre de 74 personas en febrero del 2012 en el estadio de Port Said, después de un partido entre el equipo local, Al Masry, y el visitante, el cairota Al Ahly. Entre los acusados --pero no condenados a muerte-- hay nueve policías a los que el tribunal atribuye pasividad ante los ataques de hinchas del Al Masry a aficionados del Al Ahly y tres cargos del equipo de fútbol de Port Said.

El veredicto del tribunal cairota provocó un arrebato de ira entre las familias y amigos de los sentenciados a muerte, que se dirigieron hacia la prisión de Port Said, donde se encontraba parte de los acusados, con armas de fuego, palos, piedras y cócteles molotov. Los asaltantes mataron a dos policías que hacían guardia en la entrada de la prisión. Otros agentes intentaron dispersar a los atacantes con gases lacrimógenos.

CIENTOS DE HERIDOS En los graves enfrentamientos que siguieron después perdieron la vida al menos 30 personas, según el Ministerio de Sanidad egipcio, y más de 300 resultaron heridas. Entre los muertos se encuentran el futbolista Mohamed al Dadui, del club local Al Marrij, de la segunda división egipcia, y el antiguo portero del equipo Al Masry Tamer al Fahla, vencedor con su club de la Copa de Egipto en 1998, según la agencia oficial Mena.

El director del departamento de hospitales de Port Said, Abderrahman Farah, explicó que los fallecidos presentaban "disparos de balas y perdigones, fracturas y cortes en partes del cuerpo". "Hay más heridos muy graves, lo que significa que el número de muertos podría subir", indicó al diario egipcio Al Ahram .

Un grupo de asaltantes irrumpió en unos locales donde los policías pernoctan, los saqueó y los incendió. Los más exaltados también prendieron fuego a una comisaría y un minibús de un canal de televisión. Las autoridades decretaron la interrupción del servicio ferroviario a Port Said para evitar la llegada de más manifestantes.

"Estas sentencias eran necesarias", aseguró Nur al Sabah, que perdió a un hijo de 17 años en la masacre del estadio. "Quiero ver a estos chicos cuando los ejecuten con mis propios ojos, como ellos vieron el asesinato de mi hijo", sentenció. "Este veredicto es una decisión política para calmar a la opinión pública, no entendemos en qué se basa. La situación en Port Said es muy grave, a muchos chicos los arrestaron en su casa solo porque llevaban una camiseta del equipo Al