La última vez que las fotos del príncipe Enrique dieron la vuelta al mundo estaba desnudo en Las Vegas, jugando una partida de strip-billar, con una chica desnuda a su lado. Eran los últimos días de permiso antes de volver a Afganistán. El lunes el capitán Gales, como se le conoce en el Ejército, reapareció en las portadas internacionales vestido para matar. Talibanes, para ser exactos.

El nieto de la reina Isabel II asegura haber disparado y sugiere haber liquidado a alguno de los insurgentes en la provincia de Helmand, donde ha pasado los últimos cinco meses. "Sí, muchas personas lo han hecho. Los escuadrones han estado ahí fuera. Todos ellos han abierto fuego en algún momento", dice.

Tostado por el sol, vestido con ropas de camuflaje polvorientas y con gafas oscuras, la descripción que realiza el príncipe de sus deberes es cruda y simple. "Acabas con una vida para salvar otra, eso es de lo que se trata. Si hay gente intentando hacer algo malo a nuestros hombres, les vamos a dejar fuera de juego. Nuestro trabajo es garantizar que están seguros en el terreno y si eso significa disparar contra alguien que les está disparando, lo hacemos".

Las de Enrique han sido misiones preventivas, como piloto del helicóptero de combate Apache, para proteger a los compañeros o rescatar a algún herido. "Disparamos cuando tenemos que hacerlo, cuando se trata de salvar una vida, pero en realidad somos más una fuerza disuasoria que otra cosa".

Del Apache habla embelesado y lo muestra orgulloso ante las cámaras, describiendo minuciosamente su funcionamiento, a un grupo de periodistas. Tres canales de televisión británicos (BBC, Sky y ITN) y la agencia AP fueron invitados a aquella peligrosa región para seguir las hazañas bélicas del capitán Gales y su vida cotidiana, "como uno más" en Camp Bastion.

Ayer, buena parte de la prensa británica alababa su valor y coraje. Pero algunos comentarios durante la larga entrevista fueron interpretados como imperdonablemente frívolos. Enrique pareció sugerir que su habilidad con los videojuegos, a los que dedica muchas horas de espera en el campamento, ha sido una ventaja a la hora de disparar los misiles desde el helicóptero de combate.

"Es un placer para mí, porque soy uno de esos a los que les encanta jugar con la PlayStation y Xbox. Me gusta pensar que soy muy útil con mis pulgares". Desde Helmand, uno de los mandos del Ejército británico, cuyo nombre no fue revelado, respondió furioso que para sus hombres "esto no es un juego", sino algo "muy, muy real".

En declaraciones al Daily Telegraph , el portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid, aseguró que "describir la guerra de Afganistán como un juego degrada a cualquiera, especialmente a un príncipe", y demuestra "la falta de comprensión" de las fuerzas de la OTAN con los insurgentes. Jim Murphy, portavoz de Defensa del Partido Laborista, cree que Enrique "fue ingenuo y quizás más sincero de lo que a palacio le habría gustado".

Ocio y lujo

Lindsey German, coordinadora de la coalición Detened la Guerra, calificó los comentarios del príncipe de "estúpidos" y "arrogantes" y se preguntó cómo sabía "si a quienes mató eran realmente talibanes", porque "en los últimos meses muchos civiles han muerto en ataques aéreos". También le echó en cara que ahora pueda volver a "a una vida de ociosidad y lujo, mientras la mayoría de los soldados se enfrenta al desempleo y la austeridad".

La misión del príncipe Enrique en Afganistán, donde ya estuvo en el año 2008, ha concluido definitivamente. Aquella primera experiencia de guerra terminó abruptamente cuando la prensa británica reveló su presencia en suelo afgano. Esta vez, los medios periodísticos previamente seleccionados han tenido amplio acceso a la vida del príncipe en Helmand, a cambio de no publicar las entrevistas hasta que hubiera abandonado el país. Enrique se halla a salvo en la base militar de Chipre.