Con el carnet de identidad en la mano y el candidato favorito en mente, centenares de miles de egipcios acudieron ayer a las urnas para votar en las primeras elecciones presidenciales libres celebradas en décadas. Separados en colas distintas, hombres y mujeres esperaron ante los colegios electorales durante horas. Aun así, la participación fue notablemente más baja que la registrada en las legislativas de enero y no hubo grandes aglomeraciones. Los egipcios que no acudieron ayer a las urnas, todavía tienen la jornada de hoy para entregar su papeleta.

Si bien no se registraron incidentes a lo largo del día, el jefe de la Comisión Electoral, Faruq Sultán, aseguró en una rueda de prensa que todos los candidatos habían violado la ley electoral al hacer declaraciones a pie de urna. Por su parte, el periódico egipcio Al Masry Al Youm denunció en su edición en inglés que miembros de la campaña del nasserista Hamdin Sabbahi entregaron bocadillos y bebidas a los votantes en Mahala, localidad situada en el delta del Nilo. Además, siempre según el citado rotativo, en varios puntos del país, grupos de personas pidieron el voto para el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi, a las puertas de los colegios electorales.

CALOR SOFOCANTE En El Cairo, los ciudadanos votaron bajo un calor sofocante, preludio de un verano tórrido. En un colegio del barrio de Saida Zeinab, al sur de la plaza de Tahrir, Ahmed Amin sorbía con ansia un zumo de fruta para combatir las altas temperaturas del mediodía. Mostrando con orgullo el dedo manchado en tinta indeleble, contó que entregó su voto al candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi. "Mursi me da igual, lo importante es que tiene detrás el programa del Nahda, que los Hermanos Musulmanes han elaborado durante años", explicó este seguidor de la hermandad. Junto a él, dos chicas jóvenes aseguraron preferir al islamista moderado Abdel Moneim Abu al Futuh y al liberal Amro Musa, respectivamente.

A falta de encuestas fiables que permitan predecir los resultados, la opinión pública egipcia parece dividida a la hora de determinar quién es el mejor líder para su transición. "Yo estuve en Tahrir durante la revolución y me hirieron varias veces. Creía que íbamos a cambiar las cosas", recordó Ahmed Samir al volante de su flamante taxi blanco.

CAMBIO DE PARECER Samir aseguró tener un título universitario --"solo en El Cairo los doctores conducen taxis", comentó con sorna-- y haber confiado su voto a los islamistas en las parlamentarias de enero. Ahora ha decidido apostar por el exprimer ministro de Hosni Mubarak, Ahmed Shafiq. "No es que me dé igual la revolución, ha sido lo más importante que he hecho nunca, pero lo hemos probado todo y nada funciona. Ahora necesitamos a un hombre experimentado y decidido", aseguró.