La caldera étnica volvió a estallarle ayer a China. Una sangrienta revuelta popular seguida de la intervención policial acabó con 20 muertos en la región autónoma de Xinjiang, donde son habituales los conflictos entre la población local --uigures, de ascendencia túrquica-- y los colonos han --etnia mayoritaria china--. El conflicto llega en vísperas de que en Pekín empiece la Asamblea Nacional Popular o Parlamento chino, donde los responsables provinciales tienen instrucciones de mantener la paz.

El último episodio de tensión étnica se vivió en la ciudad de Yecheng, cuando una turbamulta armada con cuchillos atacó a los viandantes. La policía disparó contra ellos y causó la muerte de algunos atacantes. Las víctimas son 13 inocentes y siete atacantes, según el portal oficialista Tianshannet.com.