La muerte en prisión del disidente cubano Wilmar Villar Mendoza, de 31 años, tras una huelga de hambre de 50 días, originó ayer las reacciones previsibles: la condena unánime de todo el exilio anticastrista y el incómodo silencio de los gobiernos latinoamericanos. Villar murió por una "sepsis generalizada". Y otra vez, como ocurrió en febrero del 2010 con el deceso de Orlando Zapata, la región, que hace denodados esfuerzos por incluir a La Habana en el proceso de integración, se encontró con el mismo dilema político y dejó que otros países condenasen públicamente al Gobierno de Raúl Castro.

España expresó "consternación" e instó a las autoridades cubanas "a liberar a todos los presos políticos, garantizar los derechos humanos ... y permitir la libre expresión de todas las ideas políticas". EEUU "deploró" la muerte del disidente.

PROTESTA Villar dejó de comer para protestar por la condena a cuatro años de prisión por "desacato, resistencia y atentado a la autoridad" que le impuso el 24 de noviembre un tribunal. Estaba casado con Maritza Pelegrino, activista del grupo opositor Damas de Blanco. Deja dos hijas de 5 y 10 años. Sus restos fueron sepultados en Contramaestre, un pueblo de 100.000 habitantes cercano a Santiago de Cuba.

"Ha sido imposible ir al funeral, tengo un operativo frente a mi casa", declaró a la agencia France Presse el expreso político José Daniel Ferrer, dirigente de la Unión Patriótica, el grupo al que pertenecía Villar, y uno de los 75 disidentes condenados en el 2003 y excarcelado en el 2010.

Según Elizardo Sánchez, de la ilegal pero tolerada Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, "ha habido un número indeterminado de detenciones en Santiago de Cuba y las provincias de Guantá- namo, Granma y Holguín para evitar que asistan al funeral". Sánchez explicó que Villar pasó varios días en "estado crítico", en una uci de Santiago de Cuba.

DEMANDA El pasado julio, la suegra de Villar demandó al disidente por un incidente doméstico. Posteriormente retiró la acusación y no hubo ninguna otra acción policial o judicial. Sin embargo, señalaron fuentes de la disidencia, el 14 de noviembre, cuando Villar participó en una protesta, lo amenazaron con reactivar el proceso judicial si no abandonaba la Unión Patriótica.

"Este hombre, que hoy se nos presenta como un luchador pací- fico, no fue más que un violento ciudadano, de un peligro social comprobado. Su propia esposa fue una de las víctimas de su agresividad, y por eso fue sentenciado a cuatro años de privación de libertad", se puede leer en Yohandry, un blog atribuido a la Seguridad del Estado. "Se le garantizó una atención médica esmerada hasta que ocurrió el fatal desenlace. Aquellos que ubican a Villar en el escalón de la oposición en Cuba son los mismos que quieren un Irak para la isla. Malditos asesinos", reza el texto, publicado sin firma.

Este episodio tiene lugar en vísperas de la llegada, el 31 de enero, de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, al país, donde se reunirá con su colega cubano. El canciller de Brasil, Antonio Patriota, acaba de concluir en La Habana la reunión preparatoria de esa visita. La muerte de Villar coincide también con la llegada de una delegación de la Santa Sede, para organizar el viaje del papa Benedicto XVI a finales de marzo.