Los misiles del dictador alcanzaron ayer los alrededores de Ajdabiya, el segundo feudo de la oposición. Su caída, de nuevo, en manos de las tropas gubernamentales podría significar el final de la insurrección de Libia si los aliados continúan teorizando sobre la operación en lugar de abrir fuego contra la pesada artillería del dictador que, con la fuerza de un ciclón, recupera terreno y amenaza las vidas de revolucionarios y civiles en el este de Libia. Tras asaltar desde el desierto y desde posiciones cercanas al mar la ciudad petrolera de Ras Lanuf, las tropas del dictador alcanzaron Brega y ya se disponían a proseguir su camino hacia Ajdabiya con el objetivo último de penetrar en el corazón de la revolución, Bengasi, a unos 180 kilómetros al norte. Dicen los rebeldes que lo hacen subidos en vehículos parecidos a los utilizados por ellos, es decir, camionetas pick up .

"Si perdemos Ajdabiya la situación entrará en un proceso muy crítico", admitió Ahmed Banis, el portavoz militar del Ejército revolucionario. Ni siquiera los altos cargos militares eran capaces de explicar ayer la ausencia de los cazas de la coalición internacional, los únicos que pueden evitar el avance rebelde. "La resolución ha sido muy explícita. Establece que tienen que utilizar todos los medios para eliminar las amenazas contra los civiles. Pues este es el caso. Hay muchos civiles y ciudadanos afectados por los ataques y los aliados deberían eliminar esas amenazas", continuó esperanzado el coronel.

Discurso confuso

Mientras el portavoz hilaba su discurso con datos más confusos que clarificadores con la intención de demostrar que la situación estaba dominada, el avance de las milicias había provocado la huida en estampida de los sublevados. Estos se atrincheraron en Ajdabiya, preocupados por la fuerza armamentística de Gadafi a la que no pueden hacer frente solos. "Nuestros hombres no pueden hacer nada contra el armamento pesado de Gadafi. Con entusiasmo es imposible ganar esta guerra", respondió el coronel cuando se le preguntó por las tropas internacionales.

Antes de alcanzar Brega, a 80 kilómetros de Ajdabiya, cientos de vehículos regresan del frente. En su interior, los jóvenes de la insurrección hacen aspavientos a los periodistas extranjeros para que retrocedan y vuelvan a zona segura. Los sublevados volvían a pedir auxilio, a través de los periodistas, a la comunidad internacional y se siguen aferrando a las fuerzas de la OTAN para salir triunfantes. La ofensiva aérea aliada consiguió despejar el camino de francotiradores y mercenarios desde la ciudad de Bengasi hasta unos 80 kilómetros de Sirte, donde nació el dictador. Pero esta victoria solo ha durado horas.

"Han comenzado a confeccionar el vestido, ¿por qué lo dejan por la mitad?", dice Mohamed Ahmed. Narra a esta redactora cómo un misil impactó en el puesto de control de Ras Lanuf. "Logré escapar con vida, pero había muchos heridos. Muertos no sé..." En el hospital de Ajdabiya solo había heridos.