Y la mecha prendió. Las revueltas populares que están hundiendo los cimientos de un mundo árabe dominado por gerontocracias corruptas y dictatoriales traspasaron ayer las fronteras de la ciudad sureña de Deraa para extenderse por el resto de Siria. Espoleados por las docenas de muertes legadas por la represión policial en Deraa, decenas de miles de sirios se manifestaron en distintos pueblos y ciudades del país en un desafío sin precedentes a la presidencia de Bashar el Asad. Las fuerzas de seguridad dispararon contra los manifestantes en varias localidades y algunas fuentes hablan de más de 25 muertos. También hubo choques entre partidarios y opositores al régimen.

No es fácil saber con precisión lo ocurrido, entre otras razones porque el Gobierno sirio no está concediendo visados a la prensa extranjera. Pero las redes sociales de internet y las cámaras de los móviles están logrando quebrar el ilustre hermetismo sirio. En Sanamein, 50 kilómetros al norte de Deraa, donde comenzó todo hace ocho días después de que la policía arrestara a 15 chavales por pintar eslóganes contra el régimen, los militares abrieron fuego contra los manifestantes. Varios residentes aseguraron a Associated Press que los disparos dejaron al menos 20 muertos, mientras un vídeo en YouTube mostraba los cadáveres ensangrentados de siete personas cubiertos con mantas.

TAMBIEN EN DAMASCO También hubo un muerto en la ciudad portuaria de Latakia, donde cerca de 1.000 personas se manifestaron respondiendo a la jornada bautizada como el Día de la Dignidad, y otro en Homs, en el centro del país. Diferentes informaciones hablan también de tres muertos en un barrio de Damasco, después de que partidarios del régimen se enfrentaran con una columna de manifestantes.

En la capital prevaleció un clima de división. Durante todo el día circularon multitud de simpatizantes del régimen con retratos del presidente y banderas sirias. Algunos rodearon las oficinas de la televisión Al Jazira para exigir a sus editores que mostraran sus imágenes y declaraciones. Los pocos centenares de opositores que se manifestaron al grito de "Sacrificaremos nuestra sangre y nuestras almas por ti, Deraa" fueron disueltos a porrazos por policías de paisano. En las inmediaciones de la mezquita Omeya, civiles de ambos bandos se enfrentaron a puñetazos.

Mayores fueron las protestas en Banyias, Tel, Homs y Douma, algo insólito en un país donde las concentraciones públicas están severamente prohibidas, a menos que sea para celebrar las gestas del partido oficialista Baaz o del presidente Asad. En su primer referendo, tras tomar el poder en el 2000, obtuvo el 97,29% de los votos. No fue un resultado particularmente bueno. Su padre, solo dos años antes, había logrado el 99,987%.

Este desafío a escala nacional se produce solo un día después de que el Gobierno intentara frenar el descontento por las muertes en Deraa --entre 39 y un centenar según las fuentes-- prometiendo reformas económicas y políticas de calado. Pero su credibilidad está seriamente en entredicho. Ayer mismo, el ministro de Información, Moshen Bilal, dijo en la televisión estatal que "todo el país está completamente en calma", y uno de sus portavoces dijo que el Ejército y la policía habían recibido órdenes de no disparar pasara lo que pasara.

EL HERMANO DEL PRESIDENTE Y es que parece que Siria ha obviado las lecciones de Egipto o Túnez, donde la represión solo sirvió para encender las protestas reforzando las ansias de cambio de los ciudadanos. El mejor ejemplo es Deraa, donde decenas de miles de personas volvieron a protestar, esta vez para pedir la cabeza de Maher el Asad, hermano del presidente y jefe de la Guardia Republicana.