Como activadas por un resorte, las cancillerías occidentales reaccionaron ayer casi al unísono ante las alarmantes noticias llegadas desde Siria. Al régimen de Damasco le llovieron ayer las condenas procedentes de Europa y Estados Unidos, a las que también se sumó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Mientras, estruendoso silencio en Moscú, Pekín y el resto del mundo árabe.

EEUU condenó "la violencia y la muerte de civiles a manos de las fuerzas de seguridad", reprochó al Gobierno sirio que "recurra a la violencia, la intimidación y los arrestos para impedir que la gente ejerza libremente sus derechos universales" y le pidió "moderación", en un comunicado del Departamento de Estado. Desde Israel, el secretario de Defensa, Robert Gates, y su homólogo israelí, Ehud Barak, daban un paso más allá al recomendar a Siria que "aprenda la lección de Egipto" y no de Libia.

Horas después, tras las promesas de reformas de Damasco, un portavoz del Departamento de Estado recordaba que "las palabras solo son palabras" y que Washington estará "atento a los actos". Siria figura en la lista estadounidense de países "patrocinadores del terrorismo".

LAS "ASPIRACIONES LEGITIMAS" El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, recordó al régimen sirio "su obligación de proteger a la población y su responsabilidad de abordar las aspiraciones legítimas de su pueblo por medio de diálogo y reformas". La jefa de la diplomacia de la UE, Catherine Ashton, reclamó por su parte "el fin del estado de excepción y la liberación de todos los presos políticos y defensores de los derechos humanos".

En términos parecidos se expresaron París, Berlín, Londres y también Madrid. Mediante un comunicado del Ministerio de Exteriores, el Gobierno español asegura que la represión es "una vía inaceptable para enfrentarse a los cambios profundos que están teniendo lugar en el mundo árabe". Exteriores recomendó a los ciudadanos españoles en Siria "extremar las precauciones" y evitar las aglomeraciones, "particularmente a la salida de las mezquitas", así como todo desplazamiento "que no sea imprescindible" al sur del país.

La oposición siria en el exilio, por su parte, no quiere una intervención extranjera para derribar el régimen, pero sí pide a Europa que "presione mediática y diplomáticamente" al Gobierno de Bashar el Asad, en palabras de Sarkis Sarkis, representante del Movimiento de los Socialistas Arabes, desde París.