No cesa el toma y daca en Gaza y sus inmediaciones. La aviación israelí lanzó ayer tres bombardeos sobre la franja, mientras uno de los cohetes palestinos cayó en un área despoblada a 25 kilómetros de Tel-Aviv. Pese a la escalada de violencia de los últimos días, Hamás intenta frenar las salvas de proyectiles, mientras el Ejército israelí actúa con más moderación de la acostumbrada tras los recientes atentados en Jerusalén y Cisjordania, cuya autoría es aún un misterio.

No parece que Hamás tenga ganas de tentar a la suerte, consciente de que crecen en Israel las voces que abogan por una nueva guerra. Desde que los islamistas se atribuyeran el sábado parte de los 50 morteros lanzados ese día sobre el sur de Israel como respuesta a la muerte de dos de sus milicianos, es la Yihad Islámica la que está disparando los proyectiles, empujada por el deseo de venganza al asesinato de cuatro de sus activistas el martes.

Pero Hamás, que gobierna la franja sin oposición desde el 2007, quiere ponerles coto. Su primer ministro, Ismail Haniyeh, telefoneó el miércoles a Damasco al líder de la Yihad Islámica para pedirle que frene los ataques. Mientras, la Autoridad Palestina arrestó ayer en Cisjordania a dos líderes de la Yihad para interrogarles sobre el atentado de Jerusalén de la víspera, donde murió una turista británica.

Esas gestiones, de momento, no han dado resultados. Siete morteros cayeron ayer cerca de la frontera y dos misiles Grad se acercaron a Yavneh, cerca de Tel-Aviv, y a Ashdod, sin causar heridos.

BOMBARDEOS Tras recibir en Jerusalén al secretario de Defensa de EEUU, Robert Gates, el ministro israelí del ramo, Ehud Barak, declaró que no le importa qué "bando" dispara. Toda la responsabilidad de lo que ocurre en Gaza, añadió, es de Hamás.

Durante el día, la aviación israelí bombardeó túneles del sur de la franja, un campo de entrenamiento de Hamás y un transformador de electricidad, dejando sin luz a cientos de familias. Aunque son muchas las voces en el Ejecutivo israelí que abogan por volver a invadir Gaza para detener los cohetes, hay factores en su contra. Muchos analistas creen que el Estado judío difícilmente podrá contar con el beneplácito de Washington para una operación como la del 2009.