Los egipcios disfrutaron ayer por primera vez en medio siglo de algo parecido a un ejercicio de soberanía popular. En el primer referendo convocado desde la caída de Hosni Mubarak, millones de electores acudieron a votar con un entusiasmo y una participación sin precedentes sobre nueve enmiendas constitucionales concebidas para abrir el sistema a la celebración de elecciones libres.

Lejos de aunar apoyos, la reforma ha dividido al país, al plantearse el voto como un plebiscito sobre el ritmo de la transición y el alcance de las reformas. Uno de los líderes de la oposición, Mohamed El Baradei, no pudo votar al ser atacado por unos exaltados.

Las enmiendas contemplan que los candidatos independientes puedan presentarse a las presidenciales, limitan a dos mandatos la presidencia y garantizan la supervisión judicial de las elecciones.