La justicia francesa absolvió ayer, por falta de pruebas, al ex primer ministro Dominique de Villepin, acusado de haber instigado una turbia conspiración contra el actual presidente, Nicolas Sarkozy. Tras un largo proceso judicial, en el que el jefe del Estado se personó como acusación civil, Villepin salió airoso del llamado caso Clearstream y dispuesto a volver a enfrentarse a su eterno rival político. Esta vez en las urnas.

Sarkozy, que ayer cumplía 55 años, recibió la sentencia con "satisfacción" por considerar que el tribunal constata la existencia de "una manipulación grave". En un comunicado del Elíseo, el presidente indica que toma nota de la "severidad" de las argumentaciones del tribunal en relación con la actitud del ex primer ministro y precisa que no apelará el dictamen.

De hecho, el jefe del Estado no puede recurrir la sentencia, ya que esta prerrogativa corresponde al ministerio fiscal, que aún no se ha manifestado, y no a las partes civiles.

Quien sí apelará el dictamen es el empresario Jean-Louis Gergorin, condenado a 15 meses de prisión por haber facilitado al juez los falsos listados bancarios del fondo de compensación Clearstream, basado en Luxemburgo. Sarkozy figuraba en la relación de políticos y empresarios acusados de cobrar comisiones ilegales a través de cuentas bancarias en el extranjero. El informático que falsificó los listados, Imad Lahoud, ha sido condenado a 18 meses de prisión firme.

LUCHA DE PODER El proceso se convirtió en una nueva escenificación de la encarnizada lucha por el poder que libran los dos dirigentes conservadores desde hace más de 20 años. Con la creación de una corriente política crítica con el Gobierno y un acto en un barrio desfavorecido de París, el ex primer ministro prepara el terreno para enfrentarse a Sarkozy en las presidenciales del 2012.