Los actores institucionales (el presidente y el Congreso) son los mismos, y los argumentos ("Experimentamos una crisis que tal vez no tiene precedentes y debemos lidiar con ella rápidamente"), también. Pero ahora en la Casa Blanca está Barack Obama y no George Bush, y su discurso ya no es del miedo sino realista. Obama se reunió ayer con los líderes en el Congreso de ambos partidos y les urgió a aprobar lo antes posible --la fecha es mitad de febrero-- su multimillonario plan de estímulo económico (unos 640.000 millones de euros) ante la grave situación. Obama cuenta con la mayoría demócrata del Congreso, pero quiere que el plan tenga un apoyo bipartidista.

"Nos preocupa el tamaño del plan", dijo John Boehner, líder republicano en la Cámara de Representantes, al acabar la reunión en la Casa Blanca. Diferentes partes del plan (que prevé un 60% de inversión pública y un 40% de políticas fiscales) ya han empezado el proceso legislativo en varios comités del Congreso, y los republicanos sienten que el rodillo de la mayoría demócrata les está aplastando. No es sencillo para ellos organizar su primera acción de oposición alrededor de la crisis económica, pero ya han advertido de que sin cambios substanciales (por ejemplo, más recortes fiscales) no votarán a favor del plan.

En puridad, su apoyo en la Cámara de Representantes no es decisivo dada la mayoría demócrata. En el Senado, las normas permitirían a los republicanos bloquear la legislación a pesar de ser minoría. Por eso, Obama les tendió la mano y ayer, en la Casa Blanca, advirtió de que su idea no es tan solo "poner dinero en el problema". El presidente añadió que el plan es solo una parte de un esfuerzo global que también incluye controlar qué hacen las empresas.

Para añadir parte de sus puntos de vista en el plan, los republicanos también cuentan con el compromiso de Obama de gobernar de forma bipartidista. Sacar adelante un plan de esta envergadura sin apoyo de la derecha rompería esta promesa. De ahí la reunión de ayer y otra que la semana próxima Obama mantendrá con republicanos. Pero el presidente es consciente de que su capital político es abundante. De ahí que dijera que el plan "está en el buen camino".