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Tradición de los martes y 13

Cientos de fieles asisten al besamanos de la Virgen de los Remedios en la parroquia de San Lorenzo de Córdoba

La creencia es que de los tres deseos que se le formulan al menos uno se cumple

Rafael Valenzuela

Rafael Valenzuela

CÓRDOBA

Eva está convencida de que su novio, Ildefonso, le pidió hace cinco años a la Virgen de los Remedios de San Lorenzo que le trajera una novia. Un mes después eran pareja y, desde entonces, cada martes y 13 se suman a los cientos de fieles que hacen cola para participar en el besamanos a la imagen.

Son las once de la mañana. A esa hora se oye el repique de campanas por todo el barrio y la cola de fieles para acceder a la parroquia da la vuelta a la iglesia hasta el pasaje Remedio de Ánimas. Aunque avanza a un buen ritmo, en ningún momento mengua una hilera de personas que se empieza a formar bastante antes de que se abran las puertas del templo, poco antes de las ocho de la mañana y se prolongará hasta después de la misa de ocho que será cuando se dé por concluida la jornada.

La historia

La devoción de los cordobeses por la Virgen de los Remedios es ancestral, pero lo que no lo es tanto en la costumbre de acudir a sus plantas para rogarle su intermediación para alguna necesidad personal. Algunos expertos la sitúan en la década de los años 40 del pasado siglo. Pero desde entonces, esa tradición se ha ido afianzando de tal modo que cada año son miles de personas las que se postran ante la imagen. Algunos de ellos llegan incluso desde fuera de Córdoba. “Nosotros hemos llegado en cuatro autobuses de Alcalá la Real (Jaén)", apunta una de las asistentes a la iglesia mientras compra una papeleta de lotería de la parroquia. En la puerta, Alfonso García, que controla el flujo de personas, explica que a esta cita no solo vienen cordobeses, sino que también “me consta que ha venido personas de otros lugares, como Alicante” y aclara que suelen ser visitantes que vinieron a Córdoba y al ser martes y 13 formularon sus deseos a la Virgen y alguno se ha cumplido “y por eso vuelven”.

Peticiones y flores

Y es que la tradición marca que todas las personas que llegan hasta la imagen de la Virgen de los Remedios suelen rezarle y pedirle tres deseos. De ellos, al menos uno se suele cumplir. Algunos de los asistentes también obsequian a la virgen con flores que traen de casa o las compran en los soportales de la iglesia. Una de estas oferentes es Lola, que asegura venir “siempre que es martes y 13, porque después de haberle pedido alguna cosa y cumplirse, parece que puede que haya sido ella la que lo ha concedido. Por eso vengo siempre”, desde el barrio de Santa Rosa, aclara.

Una mujer besa la mano de la Virgen de los Remedios, en la parroquia de San Lorenzo.

Una mujer besa la mano de la Virgen de los Remedios, en la parroquia de San Lorenzo. / Ramón Azañón

A Ildefonso fue un compañero de facultad hace más de 20 años quien le mostró esta tradición. “Desde entonces, vengo siempre, pero no solo los martes y 13 sino también en otros momentos. Hacemos una pequeña ruta y siempre la terminamos ante la Virgen de los Remedios”. Eva es su pareja, que se ha sumado a la tradición hace cinco años: “Él pidió hace cinco años una novia a la Virgen y un mes después me conoció”, asegura sonriendo, mientras se acercan al altar ante el cual les espera la virgen.

La mañana avanza y la cola no mengua, pero hay otras personas que le piden a la Virgen a su manera, como Esperanza, que llega, se sienta, reza y poco después se marcha sobre sus pasos, esperando que la Virgen atienda alguna de sus plegarias.  

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