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Entrevista

Roberto Fernández, dueño de la Bodega Baturra en la Feria de Córdoba: "Los feriantes somos de muchos sitios"

El bodeguero conoce la fiesta cordobesa desde que estaba en La Victoria

Roberto Fernández, dueño de la bodega Baturra

Manuel Murillo

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Rafael Verdú

Rafael Verdú

Córdoba

-¿Cuánto tiempo lleva dedicado al mundo de la feria?

-Toda la vida. Se puede decir que nací en la feria. Mi padre era feriante y yo nací en Burgos mientras él trabajaba allí. Nací allí, aunque los feriantes somos de muchos sitios. Mi familia procede de Navarra, de la Ribera del Ebro, pero hemos pasado la vida viajando de feria en feria.

-¿Siempre se han dedicado a este negocio?

-Mi padre sí. Desde que tengo uso de razón hemos trabajado en este tipo de puesto, vendiendo barquillos y vino dulce en toneles, además de otros productos tradicionales. Es un vino dulce parecido al Málaga o al Oporto. No llega a ser como un Pedro Ximénez, porque este último es más intenso, pero tienen sabores similares.

-¿Cómo describe la vida de un feriante?

-Es una vida muy dura. Hoy estamos aquí, mañana en otro sitio y después en otro diferente. Hay que atender el negocio todos los días y muchas veces no puedes estar presente en acontecimientos familiares. Si ocurre algo muy importante, como el fallecimiento de un familiar cercano, haces lo imposible por acudir, pero en muchas otras ocasiones no puedes. Eso sí, si te gusta el trato con la gente, también es una vida muy gratificante.

Roberto Fernández conversa con dos clientes en su Bodega Baturra.

Roberto Fernández conversa con dos clientes en su Bodega Baturra. / Manuel Murillo

-¿Cómo es un día normal durante la feria?

-Abrimos por la mañana. Después, sobre las tres o tres y media, cierro un rato para comer y descansar. Luego vuelvo al trabajo hasta la noche. Y así todos los días hasta que termina la feria. Después toca desmontar, preparar el material y viajar al siguiente destino.

-¿Dónde viven mientras están de feria?

-En una caravana. Tenemos una bastante sencilla, pero cómoda. Cuenta con baño, cocina y salón-comedor. Es nuestra casa durante gran parte del año.

-¿Y cómo afecta esta vida a la familia?

-Es complicado. Muchas veces los hijos tienen que quedarse con familiares o en internados para poder estudiar con normalidad. Cuando llegan las vacaciones vuelven con nosotros. En muchos casos, cuando crecen y terminan sus estudios, prefieren dedicarse a otra cosa. A mis hijos, por ejemplo, no les gusta esta vida.

-Lleva décadas viniendo a Córdoba. ¿Qué opinión tiene de esta feria?

-Llevo cerca de cuarenta años viniendo y siempre ha sido una feria muy especial. Lo que más recuerdo es el calor, porque aquí siempre hace calor, pero ya forma parte de la tradición.

-¿Qué es lo que más consume el público cordobés en su puesto?

-Principalmente vino dulce, tanto en su versión tradicional como sin alcohol, además de agua. Son los productos que más salida tienen.

-¿Cuándo se concentra la mayor afluencia de público?

-A partir de las ocho u ocho y media de la tarde, cuando baja el sol. Ahí es cuando empieza realmente el movimiento y cuando más trabajo tenemos.

-¿La feria sigue siendo tan nocturna como antes?

-No. Hace veinte o veinticinco años la gente aguantaba hasta las seis o siete de la mañana. Ahora, con los horarios establecidos, la actividad termina mucho antes. Normalmente a las cuatro o cinco de la mañana ya se nota el final de la jornada.

-Usted conoció la feria cuando se celebraba en el recinto de La Victoria. ¿Cómo ha visto la evolución?

-He vivido ese cambio. La feria actual es más tranquila y cómoda. En el centro también se estaba muy bien, pero aquí tenemos más espacio, no molestamos a los vecinos y la gente puede pasear con tranquilidad, sin el problema del tráfico. Creo que el cambio ha sido positivo.

-Después de tantos años, ¿sigue mereciendo la pena?

-Sí. Es una vida sacrificada, pero cuando te gusta este mundo y el contacto con la gente, sigues adelante. La feria forma parte de nuestra forma de vivir.

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