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Crónica desde El Arenal

La Feria de Córdoba se transforma y entra en modo fin de semana con más turistas y vecinos de la provincia

Grupos de amigos y familias viajan desde distintas partes de España e incluso del extranjero para reunirse en El Arenal y disfrutar de su ambiente tradicional

Ambiente y reencuentros en la recta final de la Feria

A. J. González

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Fabiola Mouzo

Fabiola Mouzo

CÓRDOBA

El viernes de Feria es el día en que El Arenal cambia otra vez de piel y parece que la Feria de Córdoba se convierte en otra. Tras el rastro de la fiesta del jueves, regresan las gitanas de colores encendidos, las flores en el pelo y las sevillanas colándose entre las casetas, aunque también las despedidas de soltero y soltera con disfraces imposibles, que vuelven a adueñarse del recinto, tomado por el turismo y por los vecinos de la provincia, que comienzan a venir casi entrado el fin de semana. Mientras tanto, muchos cordobeses hacen el camino contrario y aprovechan para escaparse unas horas a la playa, cambiar el albero por la arena y huir del calor que convierte el recinto en un horno desde media tarde.

El albero deja de ser solo polvo levantado por miles de pasos nocturnos este viernes y recupera su imagen más reconocible: caballos, trajes de flamenca y familias ocupando mesas desde temprano. Eso sí, con calma, como quien no quiere la cosa, y evitando el calor de las horas centrales del día, que hace casi imposible transitar El Arenal.

Vuelve el turismo a la Feria

Desde Zaragoza han viajado este año las integrantes del grupo de sevillanas Revuelo Bilbilitano. "Vamos cambiando de feria. Llevamos un par y el año pasado tocó Granada, pero nos encanta la de Córdoba", explicaban mientras recorrían el recinto entre trajes de flamenca y palmas improvisadas. Destacan "las casetas tan amplias, lo bien montadas que están y lo amables que son aquí". Aseguran además que les sorprende cómo la gente joven se anima a bailar "apenas suenan las palmas", manteniendo la tradición.

También es un viernes para que vuelvan los que se han ido. Un grupo de amigos de Santa Marina y Fátima se reúne cada feria, una de ellas llega desde Irlanda para no faltar a la cita. "Por el trabajo no siempre podemos venir antes, pero el viernes nos juntamos todos los años", cuentan.

La familia Fernández admite que suele acudir "los viernes o los sábados", aunque terminan reconociendo entre carcajadas que "casi todos los días" pisan El Arenal porque son "muy feriantes". Y para algunas amistades la cita ya es prácticamente sagrada. Un grupo de amigas de la antigua Laboral lleva tres décadas vistiéndose juntas cada viernes de feria. "No hemos faltado ni uno", aseguran orgullosas.

Mientras tanto, los trabajadores afrontan el último gran esfuerzo tras más de una semana de intensidad constante. Desde quienes reparten abanicos publicitarios bajo un sol inclemente hasta conductores de autobús y taxis, camareros, cocineros, reponedores, cuerpos de seguridad, servicios de limpieza, emergencias, caballistas, fotógrafos y compañeros de la prensa. La feria se sostiene gracias a todos ellos, invisibles muchas veces entre la música, el bullicio y la fiesta, pero imprescindibles para que El Arenal siga latiendo cada día.

Así, el viernes marca la entrada definitiva del fin de semana, casi última gran noche antes de convertir El Arenal en un escaparate de toda la provincia, que se vivirá con mucha más intensidad este sábado.

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