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Reportaje

Mucho más que farolillos: el arte de decorar una caseta de la Feria de Córdoba

En un proceso que empieza meses antes, se afina cada detalle buscando el equilibrio entra la tradición y la novedad, donde la vegetación, los farolillos, el color y la distribución del espacio juegan un papel clave

Arte y mimo para decorar las casetas de la Feria de Córdoba

A. J. González

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Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Córdoba

Decorar una caseta es uno de los procesos más delicados y auténticos de la Feria. Una tarea hecha desde el cariño, el respeto a la tradición y con meses de trabajo detrás.

José Díaz, de la caseta del Círculo de la Amistad, recalca la importancia de un montaje cuyos resultados «los visitantes y los cordobeses valoran mucho». En su caso, este año han introducido «pequeños cambios» en una caseta que empieza a prepararse desde enero, aunque, tras cada Feria, se hace un balance para ajustar lo necesario. Para esta edición, explica, «queríamos aprovechar el patio», así que han apostado por un diseño «con muchísima vegetación y luz», con referencias a la caseta que la entidad tuvo en el Paseo de la Victoria. Para Díaz, otra clave está en el farolillo: «da color de día y la iluminación perfecta de noche».

Meses de trabajo artesanal para vestir los recintos sin perder la esencia de la tradición

Interior de la caseta del Círculo de la Amistad. / A.J. González

La caseta Salmorejo ha dado, en cambio, un giro completo respecto a la imagen que había mantenido durante tres décadas, tal y como explica su presidente, Álvaro Navarro. «Hemos puesto carteles antiguos de Córdoba y de la Feria en láminas. Los de otros años los hemos colocado en el patio. Buscábamos innovar, pero manteniendo referencias», cuenta. Reconoce que ha sido un proceso «muy difícil», en el que el principal reto no ha sido el coste, «sino la imaginación y lograr el equilibrio perfecto». También han cambiado los colores de la fachada, con un resultado del que «estamos muy orgullosos», celebra.

Ester Tur, de la caseta El Farolillo, también ha optado por darle una vuelta de tuerca a la decoración clásica. Partían de tres ideas, Feria, sentimiento y tradición, sobre las que, dice, «hemos reflexionado desde septiembre». Su objetivo era que «cuando el socio entrara pensara que está en un cortijo»: un espacio con alma, pensado y cuidado para disfrutar. Para conseguirlo, han rediseñado el conjunto con el patio como elemento central, han incorporado una colección flamenca y referencias a Julio Romero de Torres y Manolete, además de detalles como una regadera que remata el guiño a lo cotidiano. «Cada Feria tiene su identidad y sentido, y la nuestra no es menos», recalca.

Meses de trabajo artesanal para vestir los recintos sin perder la esencia de la tradición

Interior de la caseta El Farolillo / A.J. González

En los tres casos, la conclusión se repite: lo más caro no suele ser lo material, sino el tiempo. Horas de montaje, decisiones, prueba y error… y esa mezcla de ilusión y oficio que, durante una semana, convierte cada caseta en parte del patrimonio de la fiesta.

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