Crónica desde El Arenal
Entre la resaca y las ganas de más, Córdoba mantiene el pulso de su Feria
El que es para muchos último día grande en El Arenal arranca con calma antes de una noche intensa

A. J. González

Tras un miércoles de botellón, cacharritos a mitad de precio y mucha intensidad, la Feria de Córdoba despierta este jueves poco a poco. El Arenal coge el pulso a paso lento, pero seguro, y recordando aquella frase de José Bergamín: el arte procura no llamar la atención para que se fijen en él.
Este jueves no hay recepciones oficiales y la gente, los cordobeses más bien, se adueñan del todo, si es que no lo era ya antes, de su Feria. El Balcón del Guadalquivir luce impoluto después de un trabajo ímprobo de Sadeco mientras el sol empezaba a asomar. Pasadas las 16.00 horas, las atracciones comienzan a abrir: «Ha sido una noche larga, pero ya vamos pal' final del partido», dice un empleado del Barco Vikingo con una sonrisa pícara. En las casetas continúan las comidas de empresa, aunque con menos bulla que los días anteriores. En La Quijotá, algunos se arrancan con los bailes y esas palmas que, sin ceremonia, dan por inaugurada una jornada que se prevé intensa y larga.
No lo ven así José Enrique Povedano y Verónica García, compañeros de una clínica de ginecología, que creen que «hoy nos vamos a recoger pronto». La primera lamenta que «mañana hay que trabajar», mientras que el segundo, aunque se considera «muy feriante», no va a alargar mucho más: «Hoy no es el día». En la misma caseta, en una de las esquinas, la familia Enríquez Casas termina de comer con su hijo de dos años. «Ahora vamos a los cacharritos, aunque primero a los de agua, si no…», dice el padre riéndose. La madre señala que es el tercer y último día que van a la Feria: «Fuimos el día de los fuegos, el martes con su clase y hoy. Ya hemos tenido Feria para rato», apunta ante la mirada de desaprobación de uno de sus chicos.
Ganas de más
Para otras, la fiesta no ha hecho más que empezar, como María Lara y Verónica García, que han venido con dos amigas más para pasar un día que «sabemos cuándo empieza, pero no cuándo acaba». Abanicándose en la puerta de La Piconera mientras suena, casi de manera premonitoria,Ya huele a Feria, la primera cuenta que han tomado algo antes de venir y que su plan es «alternar rebujito con montarnos en el Grand Prix», mientras que la segunda añade que para ella la Feria acaba de empezar: «He trabajado de camarera hasta ayer. De aquí no me saca nadie hasta la madrugada del domingo», cuenta con energía.

Una pareja este jueves en la Feria. / A.J. González
Y es que los grupos de amigos siguen protagonizando anécdotas y llenando las casetas. Al entrar a la de los bomberos, lo primero que llama la atención es una mesa que va de punta a punta del espacio. Fernando González es uno de los integrantes de este grupo de 57 personas que llevan juntándose de manera tan numerosa desde hace tres años: «Somos amigos de toda la vida que hemos ido juntando a más gente y así estamos», dice abriendo los brazos. Para ellos, el jueves se convertirá en viernes y lo hará con un objetivo claro: «Beber, bailar, reír… y ver qué pasa, que para eso es Feria», apostilla con una sonrisa pícara.
Unión y risas
María José Rodríguez vive el día de manera más tranquila. Mientras pasea por la calle Guadalquivir junto a seis compañeras de trabajo, cuenta que es la comida de parte del Reina Sofía, algo que llevan «más de 30 años haciéndolo». Ahora van en busca de una caseta «donde bailar un poco». Para ella, este día «siempre es especial» y le encanta pasar el rato con sus compañeras.

Comida de amigas este jueves en la Feria. / A.J. González
Otros no se llevan igual de bien con sus compañeros. Es el caso de Emilio, que está con sus amigos en La Cuadra: «He ido a la comida de empresa por compromiso. En cuanto he podido me he escapado con mis colegas», dice para después señalar, medio en risa medio en serio, que prefiere no decir su apellido «por miedo a que me despidan». Sí se llevan mejor Justo Nieto, José Antonio Cabrilla y Antonio Muñoz, que conversan con una copa en la mano en la puerta del Picadero. Trabajan en una empresa cárnica con doce personas más. Cabrilla explica que le gustan bastante estos días «para hacer piña, reírnos y no hablar solo de trabajo». Sus dos colegas coinciden, aunque Muñoz cree que es el último día que va a venir a El Arenal: «Ya hemos tenido suficiente», mientras que Nieto piensa echar también los dos próximos días: «La Feria hay que aprovecharla de verdad», añade mientras da una calada al cigarro. Es precisamente entre esa calma que se estira, fruto del cansancio. y la energía de quien tiene ganas de más, como el jueves se gana su espacio antes de una noche que volver a ser muy larga, muy intensa... y muy cordobesa.
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