Mayo Festivo
Arreglos en la Feria de Córdoba: la labor solidaria de Adoratrices que salva los trajes de flamenca
Voluntarias de la obra social Fuente de Vida atienden urgencias de vestimenta en El Arenal, destinando las donaciones a madres vulnerables

Una joven vestida de flamenca acude al taller de costura instalado en El Arenal. / Víctor Castro

En la Feria de Córdoba existe un pequeño rincón donde las urgencias son muy distintas a las habituales. Allí no se curan heridas ni se apagan incendios, pero sí se solucionan pequeños dramas que, para muchas personas, pueden arruinar por completo un día de feria: una cremallera rota, una esparteña descosida, un volante arrancado o un botón perdido justo antes de entrar en una caseta.
Es el puesto de costura solidario de Adoratrices en El Arenal, un servicio que se ha vuelto ya imprescindible para muchos feriantes y que cada año vuelve a instalarse en el recinto gracias a la colaboración del Ayuntamiento y de un grupo de voluntarias vinculadas a la obra social Fuente de Vida. Durante toda la semana, varias mujeres se turnan entre agujas, hilos, silicona y máquinas de coser para atender cualquier percance relacionado con la ropa.
"Hay gente que llega verdaderamente agobiada porque piensa que se le ha acabado el día", cuenta Ketty Ruiz, una de las voluntarias veteranas del puesto. Este es ya el cuarto año de la iniciativa y asegura que pocas cosas compensan más que ver a alguien salir sonriendo después de un arreglo de emergencia. "A veces se han bajado del autobús y ya les han pisado el traje, otras veces se les rompe la correa de la zapatilla nada más entrar", pero también "hay quien viene porque se le revienta una cremallera, se le cae un volante o pierde un botón. Y claro, muchas veces no tienen posibilidad de volver a casa".
Porque en la feria, especialmente para quienes van vestidos de gitana o de corto, cualquier pequeño accidente puede convertirse en un problema enorme. El calor, las aglomeraciones y las largas horas de fiesta terminan pasando factura a los tejidos, a las costuras y hasta al calzado. Y ahí aparecen ellas. "Intentamos arreglarlo todo", resume Ketty mientras cose una pequeña rotura en un traje de flamenca.

Taller de costura de las Adoratrices en la Feria de Córdoba. / Víctor Castro
Sobre la mesa se acumulan imperdibles, hilos de todos los colores, pegamentos especiales, tijeras y piezas de emergencia. El arreglo más habitual son los volantes pisados y las esparteñas descosidas. "Las correas de las cuñas se salen muchísimo y con silicona se quedan bastante bien", comenta entre risas. También abundan las cremalleras rotas y los descosidos provocados por los enganchones entre la multitud. Pero no solo atienden a mujeres vestidas de flamenca, porque "aquí viene todo el mundo", insiste Ketty. "Ayer mismo le cambié la cremallera a una chica que llevaba un pantalón normal y hasta vino un policía porque se le había roto una pieza del uniforme", añade.
En jornadas normales pueden llegar a atender entre 20 y 30 personas, aunque los días grandes las cifras se disparan. El sábado, por ejemplo, fue "una auténtica locura", según cuentan las voluntarias. El puesto funciona completamente de manera altruista y desde las 15.30 hasta las 21.00 horas. Ninguna de las reparaciones tiene precio, pero quien quiera colaborar puede hacerlo mediante una hucha instalada en el mostrador o a través de Bizum o tarjeta.
Todo lo recaudado va a madres vulnerables
Todo lo recaudado se destina íntegramente a Fuente de Vida, una obra social centrada en la atención a mujeres embarazadas o con bebés en situación vulnerable, muchas de ellas relacionadas con contextos de inmigración, prostitución o trata. "Las ayudas llegan muy poco a poco y todo suma", explica Ketty, que agrega que "esto no es solo coser un traje; detrás hay una labor social muy importante".

Una costurera en el taller de costura de las Adoratrices, instalado en El Arenal. / Víctor Castro
Ella misma participa además como acompañante de algunas de estas mujeres. "A cada una se le asigna una persona que la acompaña en todo: médico, ginecólogo, matrona, parto, pediatra, lo que necesiten". Por eso insiste en que cada pequeño donativo realizado en feria termina teniendo una utilidad mucho mayor de la que muchos imaginan.
Junto a Ketty este año se ha estrenado Rocío Fernández, costurera por afición. Aunque reconoce que todavía está empezando dentro del voluntariado, asegura que no dudó en participar cuando conoció el proyecto. "Me parece una labor muy bonita", explica.
Rocío aprendió a coser en casa y ha confeccionado incluso algunos trajes de gitana para su hija. Ahora utiliza esos conocimientos para echar una mano durante la feria. "La mayoría de las personas vienen bastante apuradas, así que cuando se van tranquilas y agradecidas merece muchísimo la pena", expresa.
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