Reportaje
De Triana Pura a Bad Bunny, de flamenco a reguetón, así suena la Feria de Córdoba según la hora
Del flamenco que manda en la sobremesa a los himnos del pop español que se cantan en bloque a media tarde, para rematar con reguetón, ritmos latinos y éxitos de pista cuando cae la noche
La música en El Arenal vuelve a dibujar una secuencia casi perfecta que cambia con las horas sin perder nunca el sello cordobés

Música y ambiente en una caseta de la Feria de Córdoba. / Víctor Castro

La música en la Feria de Córdoba tiene su propio reloj. Va cambiando con el sol, con el rebujito y con el tipo de público que entra, y se queda, en cada caseta. Este año, ese patrón que ya se intuía otros mayos se ha acentuado, tras las comidas manda el flamenco (y la rumba con acento andaluz). A media tarde llega el bloque de clásicos que cantan generaciones enteras y, cuando cae la noche, El Arenal se vuelve más latino y urbano, con reguetón y hits de pista... aunque el flamenco y el sello cordobés nunca desaparecen del todo.
Palmas en la sobremesa
La tarde arranca cuando las mesas aún están puestas y el primer pedido suele ser una jarra. En ese punto suenan las palmas sin pedir permiso y el ambiente se va templando con un flamenco más de feria: Triana Pura aparece como un guiño directo a la tradición, y alrededor se cuelan temas que funcionan como ritual, de esos que levantan la caseta incluso cuando todavía hay quien duda si la jornada será tranquila o terminará desmadrándose. Ahí entran Sarandonga, casi himno popular, y A bailar, a bailar, con ese punto de impulso que sirve para subir el volumen de la tarde.
También se abren hueco las letras con orgullo costumbrista, como Que no nos falte de ná, de Cantores de Híspalis, porque en El Arenal hay una norma que nunca falla, si se canta fácil, se queda.
Momento para los himnos
Conforme baja un poco el calor y empiezan a llegar grupos que han quedado más tarde, la música se vuelve intergeneracional. Es la franja de los clásicos que convierten cualquier caseta en un karaoke colectivo, con o sin micrófono. Ahí Camela sigue siendo un valor seguro con Cuando zarpa el amor entra como una tecla automática de memoria. Y El Barrio funciona como puente perfecto entre lo flamenco y lo pop.
En esa misma onda, Los Rebujitos con Todos los besos encajan como un guante, rumba amable, melodía pegada y ambiente de tarde. Y si hay un repertorio que no entiende de edades es el de Estopa, con Como Camarón o La Raja de tu Falda como uno de esos momentos en los que la caseta parece ponerse de acuerdo sin hablarlo. En el carril del clásico moderno también entra Novia Moderna, de Lin Cortés, que cuadra con esta feria más flamenca en las horas de tarde, calle, compás y descaro.

Un grupo baila en una caseta, este miércoles de Feria. / Víctor Castro
Y, entre versión y versión, aparecen piezas más pop que funcionan como señal de que la tarde ya está lanzada: Superestrella, una canción que desgañita a chicos y chicas, adultos y jóvenes, por igual pese a no ser tan clásica para la Feria.
El Arenal se vuelve latino
Y entonces llega la noche y la feria cambia de idioma musical sin perder el acento. Ahí los ritmos latinos y el reguetón se vuelven protagonistas, sobre todo en las casetas con público más joven o las que ya están plenamente en modo baile. Daddy Yankee sigue teniendo un poder intacto con Limbo. Don Omar aparece como un clásico que no envejece en feria: Danza Kuduro no se desgasta, solo cambia la intensidad con la que se grita el estribillo. Y, entre los temas que se han instalado en España como si llevaran toda la vida aquí, La Morocha entra como comodín perfecto para animar sin fallo, mientras Madre Tierra (Oye), de Chayanne, recuerda que la feria también tiene memoria latina de largo recorrido.

Ambiente en el interior de una caseta en El Arenal. / Víctor Castro
En el bloque urbano, se cuela Omar Montes con El pantalón (junto a Lola Índigo y Las Chuches). Y, aprovechando que está de gira por España, Bad Bunny aparece con fuerza y Debí tirar más fotos se repite como uno de esos temas que, en cuanto suenan, cambian la postura del cuerpo y la intención de la noche.
Córdoba no pierde el acento
Aunque el reguetón mande en muchos momentos nocturnos, el flamenco no se retira, solo se recoloca. Entra y sale, convive con lo urbano y vuelve cuando alguien pide «una de las nuestras». Y ahí, por debajo de todo, se mantiene el toque cordobés que atraviesa el día entero: Medina Azahara, el himno del Córdoba CF y hasta el Soy cordobés, que aparece como broche emocional cuando la feria ya va lanzada.
El resultado es la mezcla tan propia de Córdoba, criticada por algunos y amada por muchos: pasar de Triana Pura a Don Omar sin que nadie lo discuta demasiado,. Porque en El Arenal el criterio es simple y funciona desde siempre: bailar y disfrutar. Así que bailemos y disfrutemos hasta la madrugada del sábado y muchos años más.
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