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Reportaje

El ritual del botellón de estudiantes llena el Balcón del Guadalquivir el miércoles de Feria de Córdoba

Miles de jóvenes se concentran frente a la portada entre camisetas con lemas picantes, bolsas de bebida y reencuentros antes de poner rumbo a las casetas en una de las jornadas más multitudinarias de la Feria

El botellón vuelve a tomar el Balcón del Guadalquivir

Manuel Murillo

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Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

El miércoles de Feria tiene su propio ritual juvenil. Cuando la tarde cae sobre El Arenal y muchos universitarios dan por terminado su último día de clase antes de entregarse de lleno a la fiesta, el Balcón del Guadalquivir comienza a llenarse de bolsas de alcohol, camisetas de colores y grupos que avanzan en dirección al botellódromo antes de poner rumbo a las casetas.

La escena se repite cada año, pero no por eso pierde fuerza visual. A partir de las 20.30 horas empiezan a llegar los primeros grupos, todavía con espacio para sentarse, repartirse las bebidas y localizar a los amigos. Algunos vienen directamente desde la facultad o desde pisos compartidos; otros se organizan antes en los alrededores y llegan ya en formación de Feria. La mayoría comparte un mismo código, el de la ropa cómoda, las ganas de alargar noche larga y las camisetas personalizadas con lemas de sus carreras o frases con doble sentido.

El miércoles concentra además varios ingredientes que hacen de la jornada una de las más intensas de la Feria de Córdoba. Al botellón se suma el Día del Niño, con las atracciones a mitad de precio, lo que incrementa la presencia de familias en otra zona del recinto y multiplica los flujos de personas durante la tarde y la noche. El Arenal funciona así a dos velocidades, la de los más pequeños en los cacharritos y la de los jóvenes que calientan motores antes de entrar en las casetas.

«Me gusta la atención a la diversidad, uno por delante, otro por detrás».

En este día, los universitarios lucen camisetas diseñadas para la ocasión con frases picantes relacionadas con sus grados. Los lemas son de lo más divertidos y sugerentes, además de convertirse en una forma diferente de romper el hielo: «En clase fomento la autonomía, pero esta noche tú mandas sobre la mía» o «Doy lecciones que no se olvidan».

Laura Rosales y Mariceli, estudiantes de Relaciones Laborales, aseguran ser «más de casetas que de botellón», aunque reconocen que les gusta «venir aquí, juntarse con los compañeros y, sobre la una, irse para las casetas».

El botellón vuelve a tomar el Balcón del Guadalquivir en Córdoba el miércoles de Feria

Un grupo de amigos con camisetas personalizadas en el botellón del miércoles de feria. / Manuel Murillo

Otros, como Raúl Calvo, estudiante de cuarto de Educación Primaria, disfruta mucho más del ambiente y creen que volverá el próximo año aunque ya no estén en la universidad. «A unas malas me busco un máster o vengo solo con mis amigos. Me lo paso mejor aquí que en las casetas», cuenta.

Para Coral Jurado, de Biología, «el botellón es un icono de la Feria. Llegas con tus amigas, bebes y luego te vas a bailar a las casetas». «Soy más de casetas y de Feria que de botellón, pero este día no nos lo podíamos perder». «Menos balance y más goce, mi cuerpo pide roce» es otra de las frases que se pueden leer en las camisetas.

Dentro del Balcón del Guadalquivir, mientras la Policía controla los accesos y el helicóptero sobrevuela la zona, antes de las 21.00 horas resulta casi imposible avanzar. Marta Valverde, estudiante del Máster de Profesorado, asegura que «soy más de casetas», aunque admite que también le gusta «venir, estar con mis compañeras y beber algo».

El botellón vuelve a tomar el Balcón del Guadalquivir en Córdoba el miércoles de Feria

Varios jóvenes brindan en el botellódromo de la Feria de Córdoba / Manuel Murillo

Luis Miguel Lechuga también cursa el MAES y, aunque reconoce entre risas que es «de los más veteranos», explica que disfruta mucho del ambiente: «Echas el rato, bebes, te ríes, te encuentras con colegas de otros grados, conoces gente… y luego para la Feria». En su caso, añade, «como somos 200 en el máster, llevamos varias camisetas».

Jesús Fernández, estudiante de tercero de Educación Infantil, es de los que disfrutan del botellón «pero solo un rato». Con una camiseta en la que se puede leer «Olvida el rincón de pensar, mejor llévame al rincón de pecar», comenta que se van a reunir «unos 40». Aunque le gusta porque «vienes, bebes barato y te ríes», asegura que él es «un loco de la Feria», por lo que cree que «no tardaré mucho en irme a las casetas», ya que «necesito mi flamenco, mi música para bailar…».

Para Martín Rodríguez, estudiante de primero de Ingeniería Eléctrica, que viste una camiseta con el lema «No hace falta tenerla larga para dar unas buenas descargas», este es su primer año y reconoce que «no esperaba que hubiera tanta gente. Es un poco agobiante».

Dispositivo de seguridad

La concentración en el Balcón del Guadalquivir obliga también a reforzar la organización del espacio. Como en anteriores ediciones, la zona volverá a dividirse en siete sectores numerados, tomando como referencia los siete postes de la zona. El objetivo es que cualquier incidencia pueda localizarse con rapidez desde cámaras, patrullas, Protección Civil, sanitarios o avisos ciudadanos.

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Presencia policial a la entrada del botellódromo de la Feria de Córdoba. / Manuel Murillo

La sectorización busca mejorar la respuesta en un punto especialmente sensible por la alta concentración de personas, la amplitud del espacio y la dificultad de ubicar incidentes cuando la ocupación es elevada. El dispositivo permitirá ordenar intervenciones por peleas, caídas, intoxicaciones, acumulaciones peligrosas, consumo de alcohol en vía pública, alteraciones del orden, localización de personas o asistencias sanitarias.

Mientras tanto, la Feria sigue su curso. Los grupos llegan, se buscan, se pierden y se reencuentran antes de cruzar la portada dirección a la masa que ya se cuenta por miles de personas.

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