Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Crónica

El miércoles de las tres ferias de Córdoba: el tardeo, el día del niño y el botellón se conjugan en El Arenal

El ecuador de la Feria de Córdoba acoge tres ambientes diferenciados, el tradicional de las comidas y tardeo, el familiar de las atracciones y el juvenil del botellón

Tres ferias distintas en un solo miércoles en El Arenal

Manuel Murillo

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Fabiola Mouzo

Fabiola Mouzo

Córdoba

El miércoles en El Arenal se viven tres ferias de Córdoba. No es solo el ecuador de la fiesta; es también el día en el que conviven, casi sin tocarse, tres maneras muy diferentes de entender la Feria de Nuestra Señora de la Salud: las comidas y el tardeo, las familias en los cacharritos y los jóvenes en el botellón. Cada uno a lo suyo.

La primera empieza al mediodía, entre coches de caballos, sevillanas y comidas. Es la feria quizás más tradicional, la de las familias o compañeros de trabajo que alargan la sobremesa y dan paso lentamente al tardeo, a los conciertos en casetas y a los grupos de versiones que calientan el ambiente antes de que llegue el reguetón de la madrugada y el ambiente cambie de color.

Eso sí, a mediodía el albero ya devolvía el calor como un espejo. Los abanicos trabajan sin descanso, el rebujito con mucho hielo empieza a imponerse y en las calles del Arenal el sonido encapsulado del flamenquito que se escapa por las ventanas de las casetas se mezcla con el de los coches de caballos avanzando despacio entre grupos que buscan y solo caminan por la sombra. El recinto parece que sigue dormido antes de la implosión de la noche y las familias guardan fuerzas para los cacharritos y los jóvenes para el botellón.

Pero es precisamente en el mediodía donde Córdoba encuentra uno de sus rasgos más propios. En El Arenal la sobremesa sigue siendo una institución. Las casetas se van llenando de academias de baile y cuadrillas de amigos que convierten la comida en una jornada completa. El calor ha hecho que ese arranque fuera mucho más lento, porque los toldos ayudan, pero la sensación térmica de los 37 grados a las 16.30 horas es casi insoportable.

"Lo mejor de Córdoba es que aquí no se viene solo a salir por la noche; aquí se viene a echar el día entero", resume Rafael, un padre de familia en una caseta tradicional que, sin embargo, admite que "fuera de las casetas no se puede estar, aquí nos quedamos dentro hasta que baje el sol". Se echa el día entero, sí, pero evitando un golpe de calor.

Córdoba en Mayo. Feria de Nuestra Señora de la Salud 2026. Crónica de ambiente el miércoles de Feria

Varias gitanas posan en la portada de la feria. / Manuel Murillo

Ese calor, inevitable protagonista de esta edición de la fiesta, condiciona cada movimiento. Las calles se vacían durante algunas horas durante la tarde, las barras buscan cualquier corriente de aire y los camareros acumulan ya varios días de jornadas maratonianas. El cansancio se comienza a notar, pero basta con que el sol empiece a caer para que el recinto vuelva a llenarse y el bullicio recupere cada rincón.

Córdoba en Mayo. Feria de Nuestra Señora de la Salud 2026. Crónica de ambiente el miércoles de Feria

Una caseta repleta de gente este miércoles. / Manuel Murillo

La caseta de La Prensa se ha llenado este miércoles de ritmo, ejercicio y alegría con la exhibición de Fitflamc, una disciplina que mezcla fitness y flamenco al compás de rumbas, pesas y Sonakete, nombre comercial de un novedoso instrumento de percusión, una especie de castañuela. Dos grupos, llegados desde Málaga y Sevilla, viven una jornada de convivencia que ya se ha convertido en tradición para muchos de sus integrantes, que aprovechan la feria para reunirse y disfrutar juntos, además de mostrar "otra manera" de bailar flamenco.

El miércoles también es día de recepciones, probablemente las últimas de esta feria, pues el jueves ya no suele haber apenas ninguna. La Diputación de Córdoba celebra la suya, así como el Círculo de la Amistad y AJE Córdoba, estrenando directiva. Con todo ello, coinciden quienes llegan cada año desde los pueblos de la provincia, los grupos de amigos que solo se ven en feria, familias enteras que mantienen la tradición, trabajadores de instituciones públicas y empresas privadas y jóvenes que sienten que esta semana marca el inicio no oficial del verano.

Un día de cacharritos y botellón

La segunda feria arranca unas horas después, cuando los niños empiezan a mirar hacia la zona de atracciones. Porque el miércoles es también el Día del Niño, una de las jornadas más esperadas para muchas familias gracias a la reducción del precio de los cacharritos al 50%, y a pesar de que cada año es más difícil para el bolsillo hacer frente a este gasto.

Tres ferias distintas en un solo miércoles en El Arenal

Niños se refrescan en la feria. / Manuel Murillo

Caída la tarde, el sonido de las casetas empieza a mezclarse con el de las atracciones, las colas aumentan y el recinto cambia completamente de ritmo. Padres haciendo cuentas, adolescentes enlazando una atracción con otra y pequeños agarrados a globos y bolsas de algodón de azúcar convierten la calle del Infierno en otro de los grandes centros de la jornada. "Hoy venimos porque si no es imposible subirlos a todo", comenta entre risas María, madre de dos niños, mientras espera turno frente a una atracción infantil. "Ellos llevan toda la semana contando los días para el miércoles", agrega.

El alma de la fiesta toma El Arenal

Pero todavía queda una tercera feria esperando a la noche. Cuando el calor empieza a caer y las luces se encienden, miles de jóvenes convierten el miércoles en uno de los días de más ambiente nocturno de toda la semana. Para muchos universitarios y grupos de amigos es el auténtico día del botellón, favorecido además porque buena parte de los asistentes puede permitirse alargar la madrugada.

Bolsas y botellas van, bolsas y botellas vienen. El entorno del Balcón del Guadalquivir vuelve a llenarse de esas coloridas y variopintas camisetas con mensajes irónicos y de cientos de jóvenes deseando que la noche no acabe, mientras dentro del recinto las casetas cambian de música y de público. Desaparecen poco a poco los trajes de flamenca del mediodía y aparecen los grupos que buscan alargar la fiesta hasta el amanecer.

Es el contraste más evidente de la feria cordobesa: de un lado, la Córdoba que reivindica sevillanas, rebujito, farolillos y caballos; del otro, familias y niños que viven un auténtico parque de diversiones, sumado a una generación que entiende la feria como una gran fiesta nocturna. Todas ellas conviven en un equilibrio extraño, aceptado con resignación por unos, aunque criticado por otros. Quedan todavía unos días intensos por delante, pero comienza la sensación de que la Feria de Córdoba encara su recta final.

Tracking Pixel Contents