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Reportaje

Del flamenquín a la sardina ahumada y la ‘food truck’ en caseta: la Feria de Córdoba mantiene los clásicos y se abre a nuevas comidas

Las casetas de El Arenal mantienen el tirón de platos como el salmorejo, el flamenquín o el cazón en adobo, pero algunas empiezan a abrir hueco a propuestas menos habituales y más cuidadas como pan bao o sardinas ahumadas, mientras que otras prueban formatos nuevos como las ‘foodtrucks’

Un camarero de El Bocao sirve dos raciones de salmorejo.

Un camarero de El Bocao sirve dos raciones de salmorejo. / A. J. GONZÁLEZ

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Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

Córdoba

Jamón, flamenquín, salmorejo, cazón en adobo, croquetas... El menú de las casetas de la Feria de Córdoba se recita casi de memoria y, vistos los resultados, sigue funcionando año tras año. Pero, entre el repertorio clásico, algunas casetas se animan a darle una pequeña vuelta de tuerca, desde productos de siempre con un punto más cuidadocroquetas caseras de puchero, por ejemplo— hasta propuestas menos habituales, como tostas de sardina ahumada. Lo que está claro es que comer en El Arenal es un plan que, edición tras edición, va a más.

Lo tradicional domina

Rafael López, de la caseta El Bocao, confirma esa tendencia al alza: sábado y domingo, asegura, «hemos estado a tope», atendiendo alrededor de 330 personas. Su fórmula es la de una caseta cordobesa de manual: tres menús para cuatro personas, entre 42 y 50 euros, con platos como choco frito, salmorejo, lagrimitas de pollo o surtido de ibéricos. López defiende que esa propuesta «no falla» porque combina tradición, gustos mayoritarios y comodidad a la hora de servir y sentarse a comer. Además, cuentan con carta —sobre todo pensada para los más pequeños— y subraya que, aunque la gastronomía acompaña, «los protagonistas son la gente y el ambiente».

Las barenjenas fritas con miel, un clásico que no falta en la Feria de Córdoba.

Las barenjenas fritas con miel, un clásico que no falta en la Feria de Córdoba. / A. J. GONZÁLEZ

En Ajetreo también apuestan por ese equilibrio entre lo reconocible y el detalle. Sus menús oscilan entre los 28 y los 38 euros y, según una de sus gerentes, María del Carmen Pulido, tienen turnos para casi 200 personas. «Está todo cerrado para todos los días. Tenemos lista de espera», apunta. Pulido destaca que han incorporado algunos guiños propios sin salirse de la tradición: «Croquetas de puchero caseras, flamenquín de lomo o rabas de calamar». Otras opciones, como la tortilla o el salpicón, las dejan fuera por una razón sencilla: «Eso lo tiene todo el mundo». Su idea, resume, es «meter un par de cosas diferentes cada año», pero sin romper el estilo de feria.

Un camarero de El Bocao sirve dos raciones de salmorejo.

Un camarero de El Bocao sirve dos raciones de salmorejo. / A. J. GONZÁLEZ

‘Foodtrucks’ en casetas

Pulido gestiona también la caseta El Portón, que este año ha llamado la atención por una colaboración inesperada: una foodtruck de la firma de hamburguesas de origen venezolano Mr. Dope. La gerente explica que la idea surgió «buscando hacer algo distinto» y asegura que, por ahora, está funcionando, solo el sábado vendieron casi medio millar de hamburguesas. «No nos lo esperábamos para nada. La gente, por la tarde-noche, quiere algo de calidad sin salir de la caseta y nos está funcionando muy bien», celebra.

En El Albero, Raúl González lleva cinco años incorporando opciones más innovadoras a la oferta: tostas de sardina ahumada, pan bao de pulled pork o bacalao en tempura. Dice que está siendo «un éxito total» y que «podría llenar tres casetas más». A su juicio, hay público que busca algo diferente sin salirse del ambiente tradicional, y ese «punto de originalidad» irá ganando espacio en los próximos años. Tras abandonar las raciones en platos de plástico y cuidar más la presentación, cree que el siguiente paso está claro, «innovar, pero respetando la tradición».

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