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Reportaje

El Arenal vive el sábado de Feria de Córdoba con la elegancia de los carruajes de tradición

El mundo del enganche cordobés reivindica el valor patrimonial de estos carruajes históricos, considerándolos un 'museo rodante' que no debe desaparecer

Los carruajes dan color y tradición al sábado de Feria

Víctor Castro

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Adrián Ramírez

Adrián Ramírez

"Es una tradición muy bonita que tenemos que cuidar". Córdoba se ha asomado este sábado a la Feria con ese calor espeso y luminoso de mayo que empieza a apretar antes incluso del mediodía. A los pies del Alcázar, entre el brillo del río y el pesar de los adoquines se abría paso con un sonido que no necesita altavoces: cascos sobre el suelo, correajes tensándose, ruedas que crujen despacio. La Exhibición de Carruajes de Tradición ha vuelto a dejar, un año más, la primera gran postal elegante del Arenal, la forma más clásica, elegante —y más cordobesa— de decir “por fin estamos en Feria”.

La cita, una de las más singulares y auténticas de la Feria de Nuestra Señora de la Salud, alcanza este año su duodécima edición con un regreso simbólico, recuperar el recorrido tradicional tras el itinerario alternativo del pasado año. Es un detalle que para el público puede pasar desapercibido, pero para el mundo del enganche tiene algo de vuelta a casa. Porque el carruaje no solo desfila, se coloca en el paisaje, dialoga con la ciudad y, en Córdoba, esa conversación la entiende cualquiera que haya visto un coche cruzar el puente con la Mezquita-Catedral al fondo.

Antes de partir, en este histórico recinto, se presentaron los once carruajes que particparon en la cita, explicando su historia, yeguada, cocheros, tipos de coches, curiosidades o forma de enganche. Para después unirse al estandarte, procedente de la ermita de Virgen de la Salud, y acudir a El Arenal.

Limoneras, troncos, tándems, tresillos y cuartas ocuparonsu sitio como si se tratara de un museo en movimiento. Guarniciones cuidadas al milímetro, herrajes reluciendo bajo el sol, mantillas y sombreros, trajes cortos y vestidos de flamenca de colores encendidos. Los caballos, inquietos al principio, acabaron marcando el ritmo pausado del sábado con un paso elegante digno de oficio

Con chaqueta negra impecable, sombrero de bombín y, por supuesto, sombrero cordobés, Pedro Ángel Baena lleva junto a su familia hasta la portada. “Ha ido muy bien, venimos todos juntos y disfrutándolo mucho”, comenta con una sonrisa tranquila mientras acariciaba el cuello de uno de sus caballos. Vinculados desde siempre al mundo ecuestre, asegura que participar en esta exhibición es “la mejor manera de empezar la Feria”.

Patrimonio y autenticidad

El caballo, además, no llega de prestado a la Feria cordobesa. Córdoba ha tenido históricamente una relación íntima con el mundo ecuestre —del campo a la ciudad— y conserva símbolos que lo explican casi sin necesidad de discurso: las Caballerizas Reales como emblema, el oficio del enganche en las campiñas, la cultura vaquera y esa forma andaluza de entender el paseo como ceremonia. En días como este, esa vinculación se hace visible en lo cotidiano. Familias que se asoman a curiosear bajo la sombra escasa de los árboles, turistas que preguntan sin saber muy bien qué están viendo y aficionados que, con media sonrisa, lo saben todo con solo mirar la colocación de un tiro.

También Inmaculada García y Miriam Torrecilla reivindican el valor patrimonial de estos carruajes históricos mientras trataban de combatir el calor sofocante de la mañana con abanicos y botellas de agua. “Se sobrelleva”, bromeaban entre risas. Para ambas, participar en la exhibición supone “un orgullo”, especialmente porque permite acercar al público un patrimonio que consideran necesario cuidar.

Llegada a la portada

La mirada curiosa de los niños ha acompañado buena parte del recorrido, pero se ha multiplicado a la llegada a la portada. Allí, algunos se han acercado tímidos a tocar a los caballos mientras los mayores buscaban la mejor fotografía entre el gentío. Multitud de jóvenes vestidas de flamenca han posado junto a los carruajes entre risas, abanicos y móviles levantados. “Es que quedan preciosos en las fotos”, comentan dos amigas antes de pedir otra instantánea frente a uno de los coches de época.

Entre saludo y saludo, el concejal de Fiestas y Tradiciones, Julián Urbano, se ha acercado también a conversar con los participantes y agradecerles su implicación en una de las estampas más reconocibles y tradicionales de la Feria cordobesa.

Con el estandarte como guía, los carruajes emprendieron el camino hacia El Arenal recuperando el trazado habitual: Ribera, puente de Miraflores, parte del Campo de la Verdad, puente del Arenal… y la entrada a la Feria como quien entra en una plaza mayor. El recorrido tiene algo de procesión, el público se abre, las cámaras se levantan, los niños se suben a hombros y los caballos avanzan con una solemnidad pero sin prisa.

Desafiando al calor

Dionisio Soler, habitual de esta cita desde hace años, pone en calor precisamente el valor del recorrido. “Es muy bonito y no nos cansamos de hacerlo”, explica mientras ajustaba las riendas con calma. Viene de una familia vinculada al mundo ecuestre, aseguraba que detrás de cada salida existe también una preocupación constante por el bienestar animal. “Sabemos cómo tratarlos para que no sufran demasiado el calor”, señala antes de sonreír al ver cómo varios niños acariciaban a uno de los caballos. “A ellos les encanta acercarse y eso ayuda también a que la tradición se mantenga y a que más gente se enganche”, recalca.

La culminación ha llegado pasadas las 14.30 con la tradicional foto de familia junto a las autoridades y el posterior paseo de los participantes por el Paseo de Caballos, ya dentro de un Arenal completamente despierto, dejando la exhibición de ser acto y fusionándose definitivamente con un Arenal que vibra desde anoche hasta el sábado que viene.

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