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FERIA DE CÓRDOBA

La Feria de Córdoba, en 20 detalles: así se transforma la ciudad durante sus días grandes

El encendido del alumbrado el viernes 22, a las 22.00 horas, marca el inicio de ocho días de fiesta en el recinto ferial de El Arenal

Baile en la portada de la Feria de Córdoba

Baile en la portada de la Feria de Córdoba / Manuel Murillo

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Córdoba tiene muchas formas de ponerse guapa, pero pocas tan rotundas como la Feria de Nuestra Señora de la Salud. Basta que llegue el viernes 22 de mayo, prenda el encendido oficial del alumbrado a las 22.00 horas y el recinto ferial Arenal empiece a brillar, a sonar y vibrar, para que la ciudad cambie de ritmo, de luz, de sonido y hasta de conversación.

Del 23 al 30 de mayo –empezando en la noche del viernes 22 y prolongándose hasta la madrugada del domingo 31-, Córdoba entra en modo Feria. Y eso significa que durante varios días la ciudad deja de mirar el reloj como cualquier otro sitio y empieza a medir el tiempo en los paseos por el recinto ferial, las quedadas en la portada, las sevillanas improvisadas, lo que queda para terminar el trabajo e irse a la Feria, el ritmo de las casetas, los churros de madrugada y esa frase que lo resume todo: “Nos vemos allí”.

Y es que Córdoba cambia durante la Feria y aquí tienes 20 detalles que lo demuestran

El Arenal deja de ser el Arenal

Durante todo el año es un gran espacio junto al río, punto de encuentro para ver al Córdoba CF y cita con el mercadillo los domingos. En Feria, este espacio se convierte en una ciudad efímera con calles, luces, música, casetas, atracciones y vida propia.

Vista aérea de la Feria de Córdoba.

Vista aérea de la Feria de Córdoba. / CÓRDOBA

La portada se convierte en el punto de encuentro oficial

Da igual cuántas veces se haya quedado allí: la portada sigue siendo el “kilómetro cero” de la Feria de Córdoba. El lugar de la primera foto, punto de espera y reencuentro, y la respuesta al primer “¿dónde estáis?” de la noche.

Un viernes apacible en El Arenal

Atardecer en la portada de El Arenal / Manuel Murillo

Córdoba cambia su banda sonora

El tráfico, las prisas y el ruido diario dan paso a sevillanas, rumbas, palmas, charangas, música de caseta y ese murmullo inconfundible de feria grande.

Nada puede parar a las ganas de fiesta y disfrute en El Arenal

Nada puede parar a las ganas de fiesta y disfrute en El Arenal / A. J. González

Las conversaciones empiezan a organizarse por casetas

Durante la Feria de Córdoba, no se dice “quedamos luego”, se dice “estamos en tal caseta”, “nos movemos a otra” o “salimos fuera, que aquí no hay quien se entere”.

La ciudad se viste de volantes

Trajes de flamenca, flores, mantoncillos, pendientes grandes y lunares toman las calles. La Feria también empieza antes de llegar al recinto: en los autobuses, en las aceras y en los bares del centro.

Flamencas en la portada de la Feria, en El Arenal.

Flamencas en la portada de la Feria, en El Arenal. / CÓRDOBA

El paseo de caballos marca el pulso de la tarde

Hay una Feria de noche y otra de día. Y la de día tiene un sonido muy concreto: cascos, campanillas, coches de caballos y ese aire de postal cordobesa que nunca pasa de moda.

Caballistas y enganches se lucen el jueves de Feria

Caballista en la Feria de Córdoba / Manuel Murillo

Las casetas son pequeños oasis festivos

Cada una tiene su ambiente, su público, su música, su barra, su hora fuerte y su propio microclima. Hay casetas tranquilas, casetas familiares, casetas para bailar y casetas en las que uno entra “un momento” y sale dos horas después.

La Feria de Córdoba presume de ser abierta

Uno de sus grandes atractivos es que buena parte de las casetas son de acceso libre. Eso cambia mucho el ambiente: se entra, se sale, se curiosea, se prueba y se repite.

La Feria entra en calor con todas las mesas llenas

Caseta de la Feria de Córdoba / Manuel Murillo

La noria se convierte en mirador sentimental

Desde arriba, la Feria se entiende de golpe: luces, casetas, portada, río, ciudad al fondo y miles de personas moviéndose como si todo estuviera perfectamente coreografiado.

Los niños viven su propia Feria

Atracciones, tómbolas, algodón de azúcar, puestos de patatas, luces de colores y esa emoción infantil de elegir “una más” antes de volver a casa. La Feria también se mide en la ‘bulla’ de la calle del Infierno.

La calle del infierno paraiso para niños

La calle del Infierno, paraíso para los niños / MANUEL MURILLO

El coche, mejor en casa

Estos días, la vida de Córdoba, y su movilidad, se trasladan al recinto ferial de El Arenal que se convierte en el centro neurálgico de la capital. Su localización, a las afueras de la ciudad, impacta de lleno en la movilidad urbana, con decenas de miles de cordobeses y visitantes desplazándose hacia y desde un mismo punto a la vez. Hay varias opciones para llegar al recinto ferial: a pie, en autobús, taxi, vehículo privado o a caballo. Todas las opciones están contempladas en el Plan de Tráfico de la Feria de Córdoba, que aboga porque los cordobeses dejen el coche en casa.

El calor también se apunta a la fiesta

El calor de mayo en Córdoba no avisa, se presenta. Por eso la Feria tiene su propia ingeniería de supervivencia: abanico, agua, sombra de día, paciencia cuando el cuerpo pide una pausa y, por supuesto, el aire acondicionado de la caseta.

La Feria entra en calor con todas las mesas llenas

Abanico, el complemento imprescindible en la Feria de Córdoba / Manuel Murillo

El rebujito aparece como idioma común

No hace falta convertirlo en obligación, pero sí reconocerlo como parte del paisaje. En la Feria, el rebujito está en muchas mesas y en casi todas las conversaciones.

La comida sabe distinta en el Real

Flamenquín, tortilla, jamón, pescaíto, montaditos, churros, buñuelos o lo que toque según la hora, incluida la patata de feria. El recinto ferial tiene hambre de mediodía, hambre de cena y hambre de madrugada.

Precios de varios productos en una caseta de la Feria de Córdoba.

Precios de varios productos en una caseta de la Feria de Córdoba. / Víctor Castro

El alumbrado lo cambia todo

Antes del encendido hay expectación. Después, ya no hay vuelta atrás. Cuando se iluminan la portada y las calles del recinto, Córdoba sabe que han empezado sus días grandes.

El encendido de la portada de la Feria, el alumbrado especial y los fuegos artificiales, en imágenes

El encendido de la portada de la Feria. / MANUEL MURILLO

La ciudad se mueve en horarios imposibles

Hay quien va de día, quien aparece al caer la tarde, quien entra de noche y quien termina desayunando. La Feria tiene sus propias franjas horarias y todas parecen razonables mientras estás dentro.

La foto se vuelve obligatoria

En la portada, en la caseta, con el vestido, con el grupo, con la noria detrás, con las luces o con ese amigo que “no quería salir”. La Feria de Córdoba es también un álbum colectivo.

El “solo una vuelta” casi nunca se cumple

Es una de las grandes mentiras piadosas de la Feria de Córdoba. Uno entra para dar una vuelta rápida y acaba saludando a medio Córdoba, cambiando de plan tres veces y encontrando a quien no veía desde Navidad.

La Feria de Córdoba en imágenes: un martes para tomárselo sin prisas en El Arenal

Grupo de amigas en El Arenal. / Manuel Murillo

Hay una Feria para cada edad

Familias por la tarde, jóvenes por la noche, veteranos que saben dónde sentarse, grupos de amigos que improvisan y visitantes que llegan con cara de sorpresa. La Feria no es una sola: son muchas a la vez.

Córdoba se reconoce a sí misma

Más allá de la música, las casetas y las luces, la Feria funciona porque la ciudad se encuentra. Vecinos, familias, compañeros, turistas y cordobeses que viven fuera vuelven a coincidir en el mismo sitio. Y eso, en Córdoba, ta

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