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Diario Córdoba

Feria de mayo

La tradición de la ilusión de los niños en la calle del Infierno

Los más pequeños disfrutan de los cacharritos tras dos años de pandemia | Los familiares valoran el regreso de la diversión y de las atracciones para los niños

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Cacharritos: la tradición de la ilusión FRANCISCO GONZÁLEZ

En la calle del Infierno, la Feria de Mayo adquiere el carácter de feria abriéndose durante una semana de gala a los más pequeños, que, desde estos primeros días de fiesta, de forma recíproca, han devuelto la alegría a Córdoba. No falta una sonrisa en aquella calle ni se disimula cualquier mueca de admiración por adorar a hijos, sobrinos, nietos perpetuar una tradición y alimentar la memoria de infancias ya lejanas. Es ley de vida. Y, tras dos años sin Feria de Córdoba, estos actos toman, si se puede, más valor. Se disfrutan más, quizás. Cierto es que, hace un año, el Arenal Park vino a emolar esa tan ansiada celebración. Pero, sin hacer comparaciones, son los propios cordobeses quienes brindan por este regreso a la normalidad. Sobre todo por ellos, de nuevo por los más pequeños, quienes "después de tanto tiempo... es la primera vez que vienen a la Feria. Ellos están encantados, se vuelven locos". Así lo explican Maite, Ana y Ramón, quienes esperan mientras sus hijos disfrutaban en una de las atracciones

Dos años dan para mucho: para crecer, para recordar, para llenarse de ilusión. ¿Dará una semana para satisfacer esas ganas? De momento, algunos no esperan ni 24 horas para volver a la Feria. José y su hijo, José Manuel, vuelven a la calle del Infierno tras pasar una de las noches más divertidas -al menos para el pequeño- en la inauguración de la fiesta este año. "No hemos podido esperar", dice el padre mientras aprecia en su hijo la admiración de una mirada que recorre aquellas formas extrañas y extravagantes figuras que se despliegan sobre la parte más infantil del recinto. Al mediodía, los cacharritos parecen para valientes, pues las colas que se aprecian de noche se quedan en apenas unos grupos revoloteando por diferentes atracciones. Sin prisas ni esperas. Quienes se quedan fuera, esperan a la sombra. Y el sol, mientras tanto, hace de laas suyas. 

En aquella parte de la Feria pueden encontrarse rincones paradisíacos que, normalmente, suelen estar protagonizados por el agua. Y tienen éxito a las horas en las que más acucia el calor. En el Carrusel Express, entre indios y vaqueros, una locomotora con varias familias en sus vagones descubiertos atraviesan chorros de agua y, en cada vuelta, son rociados entre risas. Al lado, la noria demuestra que no hay hora para contemplar Córdoba desde las alturas. Más allá, el equilibrio en los grupos de amigos se pone a prueba en cada giro de la Superolla. Tampoco se queda atrás el Super Kanguro. Con su balanceo, el Barco Vikingo genera el furor de los adolescentes. Y, en los coches de choque, entre reggaeton, se planea el resto del día de estos grupos de jóvenes. 

"Vamos a disfrutar un poco, que llevamos dos años que para nosotros se quedan", dice Manoli, una de las madres de un grupo de amigos que pasan los ratos en la calle del Infierno para satisfacción de sus niños y niñas. Y, de alguna manera, resume el sentir general entre los adultos. Así, entre luces, pitidos de feria, música y, sobre todo, la ilusión de los más pequeños consiguen dejar atrás dos años de pandemia que, durante la Feria de Córdoba del 2022, ya se cuentan en pasado.

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