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Diario Córdoba

FERIA DE CÓRDOBA 2022

Historias de El Arenal: Tres décadas de la Feria de Córdoba

Más allá de los 600 años de la institucionalización de la fiesta en mayo, unas pinceladas nos evocan lo mucho que ha evolucionado la Feria actual

Entorno de la portada de la Feria de 1994, la primera edición de la fiesta en El Arenal, momentos después de su inauguración oficial. Francisco Gonzalez

Volvemos a la cálida Feria de Córdoba y lo hacemos, también, con calor. Con muchas ganas de fiesta, como auguran los responsables de atracciones en la Calle del Infierno, con ánimo de revancha por los dos años en los que la pandemia nos ha privado de la fiesta (lo que no ocurría desde 1938) y con buenos deseos de volver a vernos y preparar una Feria aún mejor en el futuro.

Pero para mirar al futuro es imprescindible echarle un vistazo, al menos de reojo, al pasado, que nadie sabe a dónde va si no recuerda de dónde viene. Lo primero, hay que celebrar los 600 años que se cumplen en el 2022 de la institucionalización de esta fiesta en mayo, primitiva feria del ganado de las dos anuales a las que Córdoba tenía derecho desarrollar. Pero no hace falta retroceder tanto para sacar lecciones de la historia más inmediata de la Feria y asta mirar desde 1994, cuando se celebró la primera Feria en El Arenal tras recuperar con una inversión de 120 millones de euros actuales un inmenso descampado.

Una imagen de la Calle del Infierno en 1994, con el público ansioso de conocer las novedades de la nueva Feria en el parque urbano. Francisco Gonzalez

1994, la Feria llega a El Arenal

Echamos pues la vista atrás a aquella Feria de 1994 que, en general, le pareció hermosísima a la ciudadanía, haciendo olvidar el primer mal trago de dejar atrás la fresca y glamourosa pero a la vez ya inmantenible y hasta peligrosa Feria en La Victoria, con pasos de apenas diez metros con concentración de 200.000 personas, pozos negros en zonas ajardinadas, tráfico colapsado durante días, atracciones a pleno volumen a metros de las viviendas…

Existían todas las incertidumbres del mundo sobre el éxito de aquella edición de 1994, pero el cambio fue abrazado con alegría… Por fin teníamos una portada visible, fuegos artificiales apreciables, 175 casetas, una calle de Enmedio estrechita solo para proveedores en las casetas que se demostró un éxito para el público y que se fue ensanchando... Y hasta Finito y el toro Tabernero, al que indultó en Los Califas en una tarde memorable, contribuyeron a la fiesta.

Los fallos gordos en El Arenal sí que fueron dando la cara en las siguientes ediciones. La de 1995 plagada de polillas y polvo (se descubrió que había que tratar los días previos el albero con un componente para evitar ese problema), o en 1996, con la evidencia que había que dar mejores condiciones a los feriantes de las atracciones, reforzar las líneas especiales de Aucorsa (el párking provisional daba más problemas que soluciones) y más arboleda.

Por supuesto, estos fallos nunca impidieron que se disfrutase como niños chicos (o por lo menos, igual que los pequeños que visitaban la Calle del Infierno) ni le quitaron belleza a una Feria en donde cuenta tanto la estética como las ganas de divertirse. Como en la primera década del milenio, que comenzó con una accidentada edición del 2000 con heridos en una atracción, y en donde los días en principio flojos (lunes, martes y miércoles) comenzaron a atraer a más visitantes hasta llegar años después a destronar a los bulliciosos sábados de Feria.

Y más cambios: la edición del 2002, la del Aserejé, fue la primera en la que repitió la actual portada de la Feria, todo ello en unos años donde las discocasetas se dispararon (así como las sanciones), hasta llegar a un 2004 en donde los atascos en el centro de la ciudad desaparecieron al dejar de existir aparcamientos en el entorno de la Feria y la gente renunciar a coger el vehículo privado.

Otro gran cambio sobrevenido en la celebración de la fiesta, que no tenía que ver El Arenal sino con la transformación social, fue la popularización del uso del móvil. Los jóvenes tomaban una mayor distancia de sus padres, más tranquilos al poder mantener el contacto con ellos, y ya se dejó de tener miedo a lo peor que podía pasarle a uno en El Arenal: despistarse y perderse del grupo.

Imagen nocturna de El Arenal en la edición de 2014. El alumbrado extraordinario ya estaba constituido por ‘ahorradoras’ luces led.

También marcó un hito el 2006 con la consolidación del botellón frente a la portada de la Feria en días señalados y, con un carácter totalmente contrario, la creación de la Asociación de Casetas Tradicionales, cuya labor sigue ayudando a preservar la Feria. Por su parte, la crisis del 2008 extendió el uso de las luces led para ahorrar, cortó los disparados precios en El Arenal y hasta volvieron a verse fiambreras discretamente traídas a El Arenal, mientras que la prohibición de fumar dentro de las casetas desde el 2011 hizo que muchas carpas dejaran en su interior un discreto patio que ha ido embelleciéndose hasta ser motivo de un nuevo concurso municipal.

Sin embargo, quizá el cambio más bello de los últimos años se introdujo en 2013 con la primera exhibición de carruajes de tradición y el tributo ecuestre a la Virgen de la Salud al comienzo de la fiesta, abriendo un periodo de explosión de la presencia del mundo del caballo en el Real hasta la edición del 2019, donde además se acordó esa remodelación y modernización de El Arenal. En ese punto retomamos hoy la historia tras el parón de dos años por una pandemia que jamás hubiéramos imaginado ni querido.

Feria de 2011, en donde el mundo ecuestre ya tenía una presencia que se disparó desde 2013 con la exhibición de enganches de tradición. SÁNCHEZ MORENO

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