La celebración de San Rafael me llevó ayer hasta el Parque de los Villares, donde quise disfrutar de una jornada fresquita en compañía de los perolistas que cocinaban sus arroces. Charlando con ellos me sorprendió conocer que, ante la amenaza de lluvia, alguno había llegado de madrugada para coger un sitio techado. Y es que hay quien se resiste a que se le agüe la fiesta.