Mira cómo somos los animales que no entendemos ni de momentos ni de personas. Si no, que se lo digan a Francisco Zurera, que ayer mientras sostenía con cara de pocos amigos a una colega mía americana, la tortuga, esta se puso nerviosa ante tantos fotógrafos y no pudo conternerse las ganas. La pobre se orinó en las manos de Zurera, quien preguntaba dónde podía soltar a mi amiga.